En la primera entrega analizamos las tormentas generadas por el hombre a la luz de la Palabra, en este post veremos las tormentas generadas por Satanás y las permitidas por el Señor.
Satanás como generador de tormentas
Otra tormenta que vemos en la Biblia es la que experimentó Job, esta vez generada por Satanás. Veamos cómo sucedió:
Satanás respondió al Señor: «¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho Tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. Pero extiende ahora Tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no te maldice en Tu misma cara». Entonces el Señor dijo a Satanás: «Todo lo que él tiene está e tu poder; pero no entiendas tu mano sobre él». Y Satanás salió de la presencia del Señor (Job 1:9-12).
Si bien es cierto que Dios permitió los males, fue Satanás el instigador que se movió para crear las tormentas en la vida de este hombre fiel. El dolor y el sufrimiento visitaron a Job de una forma extraordinaria. Sin embargo, la tempestad generada por el enemigo culminó en una mayor bendición, lo que nos permite entender que Dios no desampara a sus fieles.
Hubiese sido muy fácil para Job hacer lo que algunos hacemos: culpar a Dios y alejaros de Él al creer que nos abandonó. Pero no es así. Dios no abandonó a Job, ni te ha abandonado a ti. Él está contigo en medio de la tormenta que estás atravesando.
El Señor como generador de tormentas
Veamos una última historia, esta vez en la vida de Jonás. Dios lo llamó, pero él huyó de Su voluntad; se subió a un barco y se alejó del lugar a donde el Señor quería que fuera. Sin embargo, una tempestad le hizo reconocer que era culpable de desobediencia, por lo que fue arrojado al mar y tragado por un gran pez.
Dios generó aquella tormenta en la vida de Jonás para darnos una lección. Muchos cristianos alrededor del mundo, que predican con fervor el evangelio, llegaron a ese punto gracias a las tormentas que Dios permitió en sus vidas, tal como le pasó al profeta.
Para concluir, es fácil apartarnos del Señor cuando llegan las tormentas a nuestra vida. Pero Dios, que es amoroso y justo, cumple Sus propósitos en nosotros a pesar y a través del dolor y el sufrimiento. A menudo, Él comienza a usar a alguien de una manera extraordinaria después de probarlo con una tempestad. Dios permite que suframos un tiempo para acercarnos a Él y para que podamos decirle «Sí, Señor».
Piensa por un momento en estas tres historias y las enseñanzas que recibimos de ellas. El Señor usa Su Palabra para edificarnos y enseñarnos a vivir con la mirada puesta en Él y no en las tormentas.







