Texto base: Proverbios 17:3 (RVR1960) – «El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; Pero Jehová prueba los corazones.»
Introducción
Ninguno de nosotros está exento de enfrentar enfermedades físicas en nuestra vida, ya que estamos en cuerpos corruptibles. Sin embargo, la forma en que asumimos esas enfermedades cuando llegan a nuestras vidas puede marcar la diferencia. Algunos se desesperan, otros pueden ser atacados por la depresión o la angustia, pero lo peor es cuando nos conformamos y nos resignamos a padecer esas enfermedades, creyendo más en el diagnóstico médico que en la palabra de Dios y sus promesas. En este artículo, exploraremos dos ejemplos en los cuales el Señor Jesucristo puso a prueba nuestra fe mediante dos preguntas.
I) ¿Quieres ser sano?
La primera pregunta que analizaremos es la que encontramos en Juan 5:6 (RVR1960): «Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?» Esta pregunta parecería obvia para alguien que había sufrido durante 38 años y padecía una enfermedad terrible que le impedía moverse normalmente. Sin embargo, si observamos el contexto, nos damos cuenta de que este hombre, aunque iba al lugar donde se producían los milagros, estaba resignado a seguir en la misma condición (Juan 5:1-5, 7). El Señor no le preguntaba de qué manera quería ser sano, simplemente le preguntó si quería ser sano. Sin embargo, este hombre colocaba su esperanza en alguien que lo llevara hasta las aguas, sin darse cuenta de que el portador de los milagros estaba justo frente a él. ¿Cuántas veces el Señor te ha preguntado si quieres ser sano y cuántas excusas has puesto para recibir tu milagro?
II) ¿Qué quieres que haga por ti?
La segunda pregunta que examinaremos se encuentra en Marcos 10:51 (TLA): «Entonces Jesús le preguntó: ‘¿Qué quieres que haga por ti?’ El ciego le contestó: ‘Rabí, quiero volver a ver'». Al igual que en el punto anterior, esta pregunta podría parecer innecesaria para alguien que no puede ver, pero el Señor quería escuchar de los labios de este hombre qué era lo que realmente quería. Bartimeo vivía de las limosnas de los demás; podría haberle pedido a Jesús algo de dinero y seguir en su condición física, pero él supo pedirle al portador de los milagros lo que realmente necesitaba. ¿Cuántas veces el Señor ha querido escuchar en nuestras oraciones lo que realmente necesitamos en lugar de pedir solo limosnas?
Conclusión
Hoy el Señor nos hace estas dos preguntas: «¿Quieres ser sano?» y «¿Qué quieres que haga por ti?». Te invito a detenerte un momento y no contestar a la ligera. Pídele al Espíritu Santo que te guíe en esta oración y responde de corazón lo que realmente quieres y necesitas en este día. El Señor quiere sanarte, pero debes creerlo y pedírselo al Padre en el nombre de su Hijo Jesucristo (Juan 14:13, RVR1960).







