Texto: HECHOS 2: 17-21
Recordemos que todo pensamiento de amor es un pensamiento de Dios. Nuestra vida está hecha de relaciones: La Relación con DIOS, la relación contigo mismo, la relación con tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus vecinos, tu pareja. Si quieres vivir en paz, una de las cosas más importantes es poder establecer relaciones armoniosas. Por eso, es necesario entender la importancia de tener buenas relaciones con nuestros hijos.
La Biblia nos enseña en Proverbios 22:6 que es necesario instruir a nuestros hijos en el camino de la Palabra. Así como es necesario, como padres, que aprendamos a desarrollar el potencial que tienen nuestros hijos; ellos ya no son el futuro de nuestra generación, ellos ya son parte del presente; son la fuerza, la energía, la alegría del hogar. Como hijos, también es necesario aprender y comprender lo que la Palabra enseña y demanda acerca de cómo proceder ante las circunstancias de la vida. ¿Qué sucede cuando alguien es entendido en los tiempos? Sabe lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer. Es un influenciador en los demás.
Las nuevas generaciones tienen promesa de Dios para ser usados en gran manera, pero, deben ser orientadas en el temor a Dios, en el compromiso y entrega al servicio; conforme a lo que la Palabra de Dios nos enseña.
Algunos consejos para los padres
- Invierta tiempo, dinero y esfuerzo en sus hijos (sean niños, jóvenes o adultos).
- Cree espacios en donde la búsqueda de Dios no sea en tono religioso, que sea un tiempo amigable y saludable para todos los integrantes de la familia (un compartir de un alimento, por ejemplo).
Algunos consejos para los hijos
- Permita a sus padres dar una opinión o consejo a tiempo.
- Crea en lo que sus padres le hablan.
- Honre a padre y madre (no importando la situación o condición de su familia).
Para concluir, si queremos como padres el cumplimiento de la promesa para nuestros hijos, es necesario propiciar los escenarios a favor de ellos. Si queremos como hijos ser prosperados en todo lo que hacemos, debemos permitir que la voz de Dios nos oriente y que su mano nos sostenga en cualquier situación que estemos viviendo.







