«18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la Tierra.
19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautozándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén«. Mateo 28:18-20
La idea original de Dios era poblar la Tierra y que fuera gobernada por el hombre, de acuerdo a sus leyes y normativas, pero, al hombre rebelarse contra Dios perdió ese privilegio y el dominio de la Tierra pasó a manos del enemigo. Al venir Cristo a la Tierra, trajo el Reino de Dios y comenzó a buscar «discípulos» para que le ayudasen a conquistar la Tierra de manos del enemigo. Todos nosotros estamos en la obligación de expandir el Reino de Dios aquí en la Tierra, por mandato del Señor, «vayan y hagan discípulos».
Analizando el pasaje leído, podemos inferir:
El dominio del Señor es universal
El Señor afirma que su dominio es universal (v. 18): su autoridad le fue dada por el Padre (Juan 17:2), su dominio se extiende tanto en el cielo como en la Tierra, pues, es Señor de todo (Juan 17:24; Filipenses 2:10-11). Esta autoridad la ha dado a la iglesia, tenemos el poder y la facultad para conquistar.
Por tanto, vayan…
Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus polluelos (Deuteronomio 32:11), así también Jesús, excita a sus discípulos para que se dispersen por toda la Tierra, esta comisión también le corresponde a todos los ministros del evangelio y debe ser transmitido de generación en generación, hasta el fin del mundo. Las promesas hechas a Israel (Hechos 2:39) se extienden a todos los gentiles.
Anteriormente, les había prohibido ir por caminos de gentiles (Mateo 10:5), pero, ahora les envía a las naciones. La voluntad de Dios es que ninguno de los seres humanos perezca, sino, que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Él quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4).
«El Señor no retarda su promesa, según algunos lo tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» 2 Pedro 3:9
El corazón de Dios siempre ha anhelado atraer hacia Él a los seres humanos, pecadores y rebeldes con el fin de darles vida nueva, justa y eterna por medio del Señor Jesús.
Objetivos de la Comisión
- Hacer discípulos en todas las naciones: la tarea del cristiano era y es llevar el evangelio a todos los hombres, al expandir el Reino y hacer discípulos traeremos dicha a los hombres y salvación a su alma.
- Bautizarlos: debemos hacer discípulos, admitiéndolos a la ordenanza del bautismo, este debe administrarse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En el nombre del Padre, le confesamos como nuestro Padre (Mateo 6:9); en el nombre del Hijo, le confesamos como Hijo de Dios (Mateo 16:16) y nuestro Salvador (Tito 2:13); en el nombre del Espíritu Santo, nos entregamos a Él como nuestro santificador, maestro, guía y consolador (Juan 3:5; 14:16,26; 15:26; 16:7,13-15). El bautismo nos liga a Cristo, por consiguiente debemos obedecerle guardando todas las cosas que Él mandó, sin quitar ni añadir.
Concluimos diciendo que la gran misión de la iglesia es amar, aprender a vivir de tal manera que conquistemos hombres y mujeres para Jesucristo. Cuando pecadores son perdonados y transformados de muerte a vida, de tinieblas a la luz, Dios es glorificado. Por tanto, todo creyente que desea glorificar a Dios, debe anunciar el amor de Dios al mundo perdido y así participar de la misión divina de redimir a los pecadores para Dios.
Para cumplir este propósito, el Señor nos promete una presencia más extensa y más intensa (Juan 16:17). Más extensa, porque ya no se limitará a un solo lugar, sino, que cubrirá toda la Tierra; más intensa, porque hará su morada en el interior de cada creyente (Juan 14:17-23).
El Señor respaldará nuestra causa, nos ayudará en medio de los problemas y nos ayudará a llevar mucho fruto (Juan 15:16) en comunión con Él.
¡Iglesia a Conquistar!







