Discipulado

Heridas del Alma

Las Heridas del Alma

«Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; sana mi alma, porque contra ti he pecado» Salmos 41:4

Muchas personas viven atadas a las heridas del alma arrastradas del pasado, lo cual no los deja crecer espiritualmente, ni vivir una vida de victoria; la razón de esto son las ataduras en el alma como el odio, resentimiento, amargura, etc. Esta situación hace dudar del presente y tener miedo del futuro.

¿Qué es el alma y qué hacer con ella?

El hombre tiene un espíritu y un alma dentro de un cuerpo físico. El alma es el asiento de la voluntad, de nuestras emociones y de la mente. La mayor parte de los problemas están en el alma, es decir, en la voluntad, en las emociones y en la mente. Ésta es la parte del creyente que necesita ser transformada y renovada (Romanos 12:1-3).

¿Cómo lidiar con las heridas del alma y sanar nuestras emociones?

1. Debemos enfrentar la verdad

Muchas veces, confrontar la verdad es algo muy doloroso; pero, debemos tener en cuenta que la puerta por donde entró el dolor es la misma puerta por donde tiene que salir (Juan 8:32).

Las heridas ocultas, la falta de perdón, los traumas, los abusos de todo tipo y los pecados son como una comida podrida en un refrigerador. Muchas veces, percibimos el mal olor y no sabemos de donde proviene; pero luego, nos encontramos que existe algo podrido en el refrigerador que lo está contaminando todo. Cuando nos ocultamos detrás de una puerta de dolor debemos regresar por la misma puerta para ser libres; tenemos que enfrentar a la verdad.

2. Confesando que nos duele

Debemos hablar con Dios de lo que nos pasa y como nos sentimos, además, es recomendable buscar a alguien que sea espiritual y de confianza, esto nos ayuda a drenar lo que está dentro de nuestra alma (Santiago 5:16).

3. Perdonando y olvidando

El perdón no es un sentimiento que debemos manifestar, es una decisión. Tenemos que aprender a perdonar a todas aquellas personas que alguna vez nos han ofendido. Marcos 11:25 «Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas».

4. Desarrollando dominio propio

Tomemos la decisión y determinación firme de caminar de acuerdo al Espíritu y no por las emociones. 2 Timoteo 1:7 «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio».

5. Haciendo un compromiso

Hacer un verdadero compromiso de no vivir por medio de las emociones, sino, por los principios de la Palabra de Dios. Gálatas 5:16 «Digo, pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne».

6. Dándole prioridad a la dirección del Espíritu Santo

Debemos aceptar la verdad que nos ofrece el Espíritu Santo, sin necesidad de razonarla. Nuestra vida debe ser guiada y dirigida por el Espíritu Santo para alcanzar la victoria en el alma. Juan 16:13 «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…».

Para concluir, si realmente queremos ser libres de las heridas del alma, primeramente, tenemos que reconocer las heridas que están dentro de nosotros, luego, debemos someter la voluntad humana a la Palabra de Dios y dejar que sea el Espíritu Santo quien nos guíe en todo momento. Esto no es tan fácil, pero, de la mano de Dios es posible y lo lograremos en Cristo.

Compartir