«18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén». Mateo 28:19-20
El Nuevo Testamento pinta un cuadro en el que todo discípulo de Cristo está involucrado, normalmente y naturalmente tanto en la evangelización como en un estudio bíblico, la oración y la adoración colectiva y demás disciplinas espirituales. Desde el nuevo cristiano hasta el santo más anciano, compartir el evangelio es necesario e integral para una vida que crece en Cristo.
Muchos de nosotros hemos oído e incluso predicado sermones que acertadamente se centran en el tema de la gran comisión de “haced discípulos” (Mt. 28:18-20). Hemos enseñado a aquellos a nuestro alrededor que deberían ser ellos mismos hacedores de discípulos. Pero también necesitamos ser claros en cuanto a que hacer discípulos necesariamente implica ayudar a las personas que todavía no son discípulos a llegar a serlo, esto es, evangelizarlas. Jesús fue un modelo (Mr. 1:14, 15; Mt. 9:35) y entrenó a sus apóstoles para que hicieran lo mismo (Mr. 6:7-13; Lc. 10:1-12). Solo unos días después Jesús dijo que ellos serían sus testigos “hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). Parte de la enseñanza de los apóstoles a la cual se dedicó la iglesia primitiva llena del Espíritu (Hch. 2:42) debe haber sido el compartir el evangelio de forma normal y regular con la familia, los amigos y los extraños. Desde aquellas primeras semanas y meses después de Pentecostés, la gente era salva cada día (Hch. 2:47). La evangelización fue inmediatamente una parte de la nueva vida de discipulado con el resucitado Señor Jesús.
Los Beneficios de la Evangelización
Tratar la evangelización como parte necesaria del discipulado ayuda al crecimiento de discípulos maduros de las siguientes formas:
1. La evangelización ayuda a mantener el evangelio en el centro de nuestras vidas y de nuestras iglesias. El evangelio crea a la iglesia (Col. 1:5, 6), es su mensaje principal (1 Co. 15:1-3) y potencia nuestro crecimiento en Cristo (Fil. 1:6). Por tanto, deberíamos hacer todo lo que podamos para mantenerlo en el centro. Sabemos que el mundo, nuestra carne y el diablo harán todo lo que puedan para moverlo fuera de la vista, una manera de preservar el evangelio es trabajar duro para pasarlo a otros. La evangelización nos ayuda a mantener el mensaje del evangelio como el motor de una vida de crecimiento en Cristo.
2. La evangelización nos da un entendimiento más profundo de las verdades más fundamentales de las Escrituras. Las conversaciones acerca del evangelio con los no cristianos nos obligan a tener un mejor manejo de las verdades centrales y fundamentales de la Palabra de Dios. Asuntos como el carácter de Dios, su santidad e ira, la creación a la imagen de Dios, el pecado, la gracia, la cruz de Cristo y el juicio, toman el centro de atención. Tenemos que pensar acerca de cómo explicar estos conceptos a diferentes personas en distintas circunstancias. Y así aprendemos mejor cómo estas verdades enlazan todas las escrituras como una unidad, desde Génesis hasta Apocalipsis. Uno de los versículos más claros en referencia a los beneficios de la evangelización en el discipulado es Filemón 1:6 “para que la participación de tu fé sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”. Saber algo y explicarlo a alguien que no lo entiende o que no lo cree son dos cosas diferentes. Estas valiosas verdades son cada vez más claras para nosotros a medida que las explicamos a otros.
3. Una evangelización con la motivación apropiada hace crecer nuestro amor por Dios y por el prójimo. Todas las personas son llamadas a amar con todo el corazón a Dios y a la gente (Mr. 12:28-31). Compartir nuestra fe porque amamos a Dios y a la gente aviva aún más el fuego de este amor. Nunca he visto una evangelización apropiadamente motivada que tuviera el efecto contrario. Si no has llevado a nadie a Cristo, solamente puedo describirte el gozo de ver el poder transformador del evangelio obrando en una persona. Ver un corazón roto por el pecado quebranta más nuestro ser por nuestro propio pecado. Ver a alguien gozarse en la libertad del perdón nos hace querer experimentarlo aún más. Experimentar el privilegio de guiar a alguien a Cristo nos recuerda que Dios es mucho más poderoso, santo y misericordioso de lo que nosotros solemos pensar. Igualmente, cuando compartimos el mensaje de la esperanza del evangelio con otros, Cristo nos promete que algunas veces lo rechazarán y quizá nos rechazarán a nosotros también (Jn. 15:18-20). Cuando esto ocurre nuestro corazón se rompe por el cautiverio y la ceguera que trae el pecado. Pensamos acerca del juicio venidero con más urgencia. Y nos preguntamos otra vez por qué Dios nos salvaría, siendo tan pecadores como la persona que nos rechazó y al mensaje del evangelio.
Conclusión
Esta semana tenemos la oportunidad de poner en práctica una disciplina espiritual que hará que cada uno de nosotros desarrolle y experimente el gozo de compartir y testificar de nuestro Señor Jesucristo.







