«Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal». Salmos 19:10 RVR1960
El salmista David declara que los mandamientos, preceptos, en sí la palabra de Dios son mejores que las riquezas terrenales y endulzan la vida. Es una declaración de alguien que ama de todo corazón, que anhela la presencia de Su Señor, porque la ha disfrutado y desea más de Él. Amar a Dios nos lleva a amar su palabra y obedecerla de corazón. No se trata de limitarse a seguir reglas y registrar buenas acciones. Se trata de tener el amor de Dios escrito de forma indeleble en nuestros corazones. Naturalmente, deseamos complacer a quienes amamos. Cuando amamos a Dios, querremos complacerlo y obedecer sus mandatos con gozo, porque el hacer la voluntad de Dios debe ser nuestro deleite.
Reflexionemos
¿Amar a Dios nos lleva a estudiar su palabra, vivirla, esto debería ser un deleite y no una tarea o compromiso? Seamos honestos con nosotros mismos y evaluémonos, dice que tanto amamos a Dios nuestra repuesta.
Oremos
Amado Eterno Dios, anhelo amarte de todo corazón, vivir tu palabra con todo mi ser, perdona cuando he sido tan superficial en mi devoción y entrega a ti. Te pido que sigas haciendo tu obra perfecta en mí para amarte y deleitarme en tu presencia, y así mostrar a mi prójimo tu verdad. Amén 🙏
Ps Ana y Eliu Siso










