«18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Lucas 12:18-20
El Señor Jesucristo en esta parábola nos exhorta a enfocarnos en lo eterno, cada día que Dios nos permite vivir, debemos entender que nuestro tiempo en esta vida terrenal es pasajera, y que fuimos creados para la eternidad, por eso, en este capítulo 12 de Lucas verso 33 nos dice «Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, TESORO en los CIELOS que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye». Siempre decimos que somos bendecidos para bendecir. La intención de esta declaración es poder siempre bendecir a todos aquellos que Dios coloque a nuestro alrededor y de esta manera estamos atesorando en el cielo.
Es la parábola en que aparecen más palabras de la primera persona: yo, me, mí, mi, mío. El rico insensato era agresivamente egoísta. Si le sobraba algo, no pensaba en dárselo a nadie. Toda su actitud era contraria al Evangelio: en vez de negarse a sí mismo, se afirmaba agresivamente a sí mismo; en vez de encontrar la felicidad en el dar, la buscaba en el guardar para sí. Los romanos tenían el dicho de que el dinero es como el agua del mar: cuanta más se bebe, más sed se tiene. Mientras se tenga la actitud del rico insensato, el deseo es tener más y eso es lo contrario del Evangelio. Nunca veía más allá de este mundo. Todos sus planes eran para esta vida. Una vez estaban hablando un joven ambicioso y un hombre mayor que conocía la vida. El joven decía: «Me prepararé para una profesión». Y el hombre le preguntaba: «¿Y luego?» «Pondré un negocio.» «¿Y luego?» «Haré una fortuna.» «¿Y luego?» «Supongo que me iré haciendo viejo, y me retiraré y viviré de las rentas.» «¿Y luego?» «Bueno, supongo que algún día me tendré que morir.» «¿Y luego?» ¡Inquietante final! El que no quiere acordarse de que hay otra vida, está destinado a sufrir la más trágica desilusión.
Lamentablemente, nos dejamos envolver por el materialismo de este mundo y pensamos en tener posesiones, que en si, no es malo, lo malo está en la avaricia, el egoísmo, en pensar solo en uno y no compartir lo que Dios nos permite alcanzar. Tengamos siempre presente que de esta vida no nos llevamos ningún bien material, que desnudo llegamos y desnudo nos iremos a la eternidad. Trabajemos, esforcémonos, seamos prósperos pero con el enfoque en la eternidad con Cristo. Quiero cerrar con el verso 31 «Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas», Si buscamos a Dios de corazón y le servimos en verdad, Dios proveerá a nuestras vidas lo necesario para vivir y cumplir su propósito.
Oremos
Amado Padre Celestial, te damos gracia por cada día que nos das, es una oportunidad para amarte, honrarte, servirte; y lo hacemos cuando podemos servir a nuestros prójimo, entendemos que es mejor dar que recibir, por eso ayúdanos a siempre estar con la actitud correcta para bendecir a todos los que estén a nuestro alrededor y así hacer tesoros en la eternidad. Amén.
Pregunta a compartir en el Altar Familiar:
1. ¿Qué debo hacer para atesorar en la eternidad?
2. Dé un ejemplo personal cuando su enfoque ha dejado de ser lo eterno.










