«En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo» Filipenses 3:20
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Ciudadanos del Cielo por Ps. Rafael Gutiérrez
Lectura bíblica: Filipenses 3:18-21; Juan 14:1-4
El primer ser humano fue creado de la tierra y para habitar la tierra, pero en los propósitos eternos de Dios, el misterio escondido desde los siglos el de preparar un selecto grupo de personas nacidas de nuevo (la iglesia) adquiriendo una naturaleza nueva, adquiriendo una patria y ciudadanía celestial.
Nuestro anhelo del cielo es, en realidad, nuestro anhelo de Cristo. Queremos pasar la eternidad en el cielo porque Él está allí y lo hemos amado. Anhelamos ver Su rostro. No vemos la hora de adorarlo en persona, de conversar con Él y dar un paseo a Su lado.
En el pasado, me entusiasmaba mucho pasar la eternidad con Cristo, pero, no tanto el entorno. Sencillamente, no podía imaginar un lugar perfecto. El cielo me parecía un mundo de ensueño. Hay aspectos de esta Tierra que nos atraen mucho. Las montañas escabrosas y los ríos caudalosos, las playas soleadas.
Deseamos a Cristo con tanta intensidad que anhelamos su venida, pero, me doy cuenta de que, a veces, lo queremos aquí, cerca de las cosas que amamos. Entonces, me choco con la realidad mayor: Él nos quiere a ti y a mí allí, cerca de las cosas que Él ama.
El problema que tenemos con el cielo es que tememos cambiar lo conocido por lo etéreo. Imaginamos nuestro futuro hogar como una nebulosa ciudad fantasma donde tendremos cuerpos transparentes y cantaremos durante siglos. Permitamos que Dios modifique nuestro pensamiento. El cielo es un lugar auténtico. Sentiremos la tierra debajo de nuestros pies. Tendremos cuerpos que se puedan tocar. A diferencia de la creencia popular, no seremos ángeles. Seremos seres humanos completos, perfectos, repentinamente inmortales. Los objetos que nos rodeen serán tangibles. El cielo es un lugar de claridad y completa realidad. Nos reconoceremos unos a otros y tendremos comunión juntos. Viviremos en una comunidad activa. Experimentaremos el indescriptible gozo de la verdadera adoración y lo más profundo en intimidad emocional y espiritual.
En el cielo, todo lo que aquí disfrutamos será aún mayor. Lo mejor de la Tierra es solo una sombra de lo que vendrá. No renunciaremos a nada bueno; lo bueno simplemente será perfeccionado. Cristo anunció: «Voy a prepararles un lugar» (Juan 14:2). Él nos está preparando un «hogar» en todo el sentido de la palabra; no un lugar donde nos sentiremos extraños. En el cielo, cambiaremos el anhelo por la pertenencia. Nos sentaremos, nos pararemos, caminaremos, comeremos, tocaremos y expresaremos emociones. Nuestros sentidos se agudizarán de un modo que no podríamos soportar en nuestra forma presente. El velo de lo comprensible será quitado de nuestros ojos. Contemplaremos la realidad.
La mejor parte del cielo es que Cristo estará allí. Él espera mostrarnos nuestros nuevos hogares, nuevos vecinos y lo mejor de todo lo que hemos amado, solo que mucho mejor. «Nosotros somos ciudadanos del cielo». Camina en fe hacia una realidad mejor.
Oremos
Señor te doy gracias por haberme redimido y ser hecho hijo tuyo, gracias por la herencia que tengo y la ciudadanía que poseo ayúdame a entender lo relevante que es ser un ciudadano del cielo, a vivir conforme a esta realidad y a colocar la mirada en las cosas eternas, te lo pido en el nombre de Jesús Amén.
Preguntas para el grupo
1. ¿Cómo fuimos hechos ciudadanos del cielo?
2. ¿Cuál es la mejor parte del Cielo?










