“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,”
Efesios 5:25 RVR1960
En nuestra comunión con Dios encontramos un símil que nos presenta el apóstol Pablo, el matrimonio. Un matrimonio que supera los diferentes ataques que sufren en su relación, es porque es fuerte en su intimidad, comunicación, confianza, perdón, entre otros. Cristo es el esposo que nos ama incondicionalmente, se entregó a sí mismo muriendo en la cruz por nosotros, pero, somos nosotros los que rechazamos su amor y no nos sujetamos a Él y le servimos de todo corazón. Busquemos con todas nuestras fuerzas fortalecer nuestra intimidad y comunión con nuestro amado Señor Jesucristo, como se describe en Cantar de los cantares a la relación de matrimonio. No nos sintamos satisfechos que lo que hayamos logrado en nuestra comunión con Dios, hay más de Dios para nosotros, siempre que le busquemos de corazón.
Reflexión
¿Cómo esposa de Cristo le anhelamos? ¿Le servimos desinteresadamente? ¿Creemos que podemos profundizar más en nuestra intimidad? ¿Me siento satisfecho en mi comunión o estoy en proceso de profundizarla más?
Oración
Amado Cristo Jesús, gracias por amarme al punto de dar tu vida por mí, perdóname cuando no he correspondido a tan gran amor que has tenido conmigo. Anhelo tu presencia cada día con mayor intensidad, crea en mí un corazón apasionado por ti. Amén
Ana y Eliu Siso










