“Como ciervo jadeante que busca las corrientes de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.”
Salmo 42:1 NVI
En el devocional de ayer, estudiamos un motivo de porque el ciervo busca con desesperación el agua, y es cuando esté tiene sed. Hoy, quiero compartir otro motivo del ciervo cuando anhelas las corrientes de aguas vivas. En épocas de apareamiento, este animal tiende a sudar mucho, y este sudor emite un hedor que lo delata y lo lleva a convertirse en presa fácil de los leones y demás depredadores del bosque, por lo que el segundo motivo de su bramido, es la necesidad de lavarse y deshacerse del sudor. El mal olor delata al ciervo y lo hace vulnerable ante los depredadores; de la misma manera, cuando no tenemos al Espíritu Santo en nosotros, nuestro aroma espiritual, también produce un hedor, que nos hace vulnerables a ser presas fáciles de Satanás. El enemigo sabe cuando un creyente está bebiendo del agua del Espíritu, y cuando no. De allí la importancia de buscar con desesperación la llenura del Espíritu de Dios. Hoy corramos a los brazos de nuestro Señor Jesucristo que nos ama, en el cual podemos lavar nuestras vestiduras y emblanquecer en la sangre del Cordero; Su amor y misericordia está activa para librarnos de los depredadores que quieren robar nuestra comunión con Dios.
Reflexione y ore
Mientras más tiempo pasemos sin tener comunión con nuestro amado Señor, estaremos expuestos a manchar nuestras vestiduras y a ser presa fácil del adversario. ¿Tenemos el hábito de entrar en la presencia de Dios a diario para saciar nuestra sed y ser limpios del pecado que nos asedia?
Oremos
Hoy y todos los días de mi vida me presentaré en tu presencia para disfrutar de la comunión con Dios, saciar mi sed y ser limpio de todo pecado.










