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El mensaje que tenemos que anuciar

“Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”. Isaías 40:6-8

El verso del día de hoy es tomado desde el contexto de una profecía dada, haciendo referencia al que prepararía el Camino de Nuestro Señor (Juan el Bautista) y su responsabilidad, tal como lo es confirmado por la palabra en Mateo 3:3-4 “Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre”.

La responsabilidad del profeta Juan era preparar el camino para la llegada de Nuestro Señor, pero, ¿cómo debía preparar el terreno por donde debía pasar el Señor? En la profecía, declara que tenía que anunciar, clamar, gritar, predicar; todas estas son implicaciones de la palabra hebrea: cará (dar voces), pero, no podía decir lo que se le antojara, no podía hablar por su propia cuenta, sino que se le dice lo que tiene que anunciar: ¡que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo!, se compara al hombre y su fama con la hierba y las flores que se marchitan, o sea hay un tiempo de caducidad para el ser humano, toda su lozanía y apariencia de vigor y consistencia se deshace en unas horas de calor, ¡el ser humano es mortal!

El problema de la mortalidad del hombre surge como consecuencia del pecado, puesto que no fue idea de Dios que el ser humano muriera, ya que cuando lo creo lo colocó en un lugar donde podía echar mano del fruto del árbol de la vida eterna, como lo declara Génesis 2:8-9 pero al pecar lo saca del huerto para que no eche mano del fruto de la vida eterna y finalmente muera. Esto es lo que la profecía en Isaías 40 declara que el viento de Jehová soplo sobre ella. El hombre muere al no hacer caso a la advertencia de Dios y comer del fruto que le mando que no comiese “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Ante el problema de la mortalidad del hombre el verso estudiado trae un contraste de la mortalidad del ser humano contra la eternidad de la palabra de Dios, “mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”, ese mas se remonta por encima de la condición humana (gloria a Dios) y no solo eso, sino que declara que será revelada al hombre Isaías 40:9.

La palabra hecha carne (Jesucristo) pone fin al problema del ser humano (mortalidad) dándole la oportunidad al hombre de vivir eternamente al recibirlo. Esto no es otra cosa sino las buenas nuevas del evangelio que es ¡el mensaje que tenemos que anunciar!

Oremos

Señor gracias por darnos la solución al problema que teníamos todos los seres humanos, danos la oportunidad de anunciar estas buenas noticias a todas las personas que tu coloques en nuestro camino y no permitas que desvirtuemos este mensaje que no es nuestro sino tuyo en el nombre de Jesús. Amén.

Preguntas para compartir en el Altar Familiar

1. ¿Te consideras como llamado a preparar el camino para que Jesús llegue a las personas?
2. Si es así ¿cómo debes preparar el camino?

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