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Perseverancia en la Oración

«Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre sin desanimarse» Lucs 18:1

Cuando una persona ora por una petición específica, como por sanidad divina, su oración debe ser perseverante. Hay demasiados creyentes que no tienen el corazón preparado y no pueden tener estabilidad mental para persistir hasta que llegue la bendición. Debemos luchar con los pensamientos que vienen a nuestra mente para distraernos y hacernos divagar con cualquier otro asunto. Nuestras mentes deben estar empapadas con el espíritu de oración para poder estabilizarse y presionar por la petición hasta obtener respuesta.

No piense que está preparado para elevar la oración si sus sentimientos son tan inestables que ora por un asunto y luego se olvida de ello. La mayoría de los creyentes aprenden a orar hasta prevalecer tras un proceso prolongado, sus mentes llegan, gradualmente, a estar tan llenas con el interés que los ocupa, aún después de orar, realizan todas sus actividades suspirando y anhelando sus deseos a Dios.

¿Cuál fue el motivo por el cual Jacob luchó con Dios en oración toda la noche?

Él sabía que su hermano Esaú estaba en camino, acompañado de una fuerza armada para encontrarlo, tenía razón suficiente para suponer que Esaú venía para vengarse de él por los agravios pasados. Así que, lo primero que hace es arreglar las cosas de la mejor manera que puede para el encuentro con su hermano, enviándole un presente primero, luego sus bienes y finalmente su familia; ya para este momento su mente estaba tan ejercitada, que no se pudo contener. Se va solo hacia el arroyo y derrama su alma agonizante en oración toda la noche. Justamente, al despuntar el día, el ángel del pacto le dijo «déjame ir» todo su ser se resistió a la idea de darse por vencido y entonces clamó: «¡No te soltaré hasta que me bendigas!» (Génesis 3:26). Su alma estaba agobiada, en agonía y al fin obtuvo la bendición. Esto es oración que prevalece.

«¡No te soltaré hasta que me bendigas!» (Génesis 3:26)

No se engañe a sí mismo, pensando que su oración es eficaz, si no tiene este deseo intento por la bendición. La oración no es eficaz a menos que surja de la agonía del deseo. El apóstol Pablo habló de ella, como dolores de parto del alma. Cuando oró en el Getsemaní, el Señor Jesús estaba en tal agonía, que su sudor fue como grandes gotas de sangre. Estas son las oraciones que prevalecen ante Dios.

Oremos

Padre Todopoderoso, sé que tu amado Hijo pagó un precio muy alto para darme sanidad, no descansaré, no me daré por vencido y en Tu nombre llamaré hasta que me escuches desde el cielo y obres en mi vida. Hazlo ahora en el nombre de Jesús. Amén.

Pregúntate esto

1. ¿De dónde surge la oración eficaz?

2. Mencione tres ejemplos bíblicos de personas que oraron eficazmente.

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