“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.”
Salmos 51:10-12 RVR1960
El Rey David, cuando escribe este Salmo, había sido confrontado por el profeta Natan por sus pecados, él reconoció su maldad, él entendía que había contristado al Espíritu Santo y entonces su prioridad y clamor era por mantener la comunión con Dios. Sí hemos errado, hemos fallado y contristado al Espíritu de Dios. Restablezcamos nuestra comunión con Dios por encima de cualquier otra cosa; arrepintiéndonos, confesando y apartándonos del mal, entonces restableceremos nuestra comunión con Dios. Lo más importante en la vida del creyente es mantener su intimidad con el Espíritu Santo, Él es nuestro sustento, guía, consolador, quien nos santifica, es nuestro mejor amigo, sin Él imposible poder glorificar a nuestro Dios y Padre Eterno.
Reflexionemos
¿Su vida como cristiano está estancada? ¿No siente el gozo de la salvación? ¿El pecado ha establecido una brecha entre usted y Dios? Si es así, oremos como David.
Oremos
Amado Padre Celestial, hoy clamamos como el Rey David, límpiame de mi maldad, renueva mi espíritu, porque anhelo serte fiel de corazón, y que el hermoso Espíritu Santo me sustente y me guíe en todos mis caminos y se gozara mi alma y te serviré con alegría.
Ps Ana y Eliu Siso










