El canon doctrinal de las Asambleas de Dios es fundamental para comprender y vivir nuestra fe en Cristo de manera completa y auténtica. Como creyentes, reconocemos la Biblia como nuestra regla suficiente de fe y conducta. En esta serie de ocho posts, exploraremos los principios bíblicos fundamentales que conforman nuestra doctrina, comenzando por la importancia de las Sagradas Escrituras como la Palabra inspirada e infalible de Dios.
Doctrina 1: Las Sagradas Escrituras como la Palabra inspirada e infalible de Dios
Las Asambleas de Dios sostienen firmemente que las Sagradas Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son la revelación divina para la humanidad. La Biblia es verbalmente inspirada por Dios y, como tal, es la regla infalible y autoritaria de fe y conducta. Esta convicción se basa en versículos como 2 Timoteo 3:15, donde se afirma: «y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (RVR1960). Además, 1 Pedro 2:2 nos enseña: «desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» (RVR1960).
La Biblia es mucho más que un libro común; es la Palabra de Dios misma. Su inspiración divina es evidente en su contenido y en el impacto transformador que ha tenido en la vida de innumerables creyentes a lo largo de la historia. La autoría de los escritos bíblicos es diversa, involucrando a diferentes autores humanos, pero todos ellos fueron guiados por el Espíritu Santo para transmitir la verdad divina de manera precisa. La Biblia trasciende la capacidad humana y revela la voluntad de Dios para la humanidad, brindando dirección, sabiduría y guía espiritual.
Actitudes hacia las Escrituras
En el contexto de nuestra doctrina, es importante entender las diferentes actitudes que pueden existir hacia las Escrituras. Por un lado, encontramos el racionalismo, que puede dividirse en dos posiciones. La posición extrema del racionalismo niega toda revelación divina y representa la incredulidad de aquellos que no aceptan la existencia de Dios. Por otro lado, el racionalismo moderno reconoce una revelación, pero solo acepta partes de la Biblia basadas en razones personales. Ambas posturas limitan el alcance y la autoridad de la Palabra de Dios.
Por otro lado, encontramos el misticismo, que también se divide en dos clasificaciones. El misticismo falso afirma que la revelación divina no se limita a la Palabra escrita de Dios, sino que Dios revela verdades adicionales a aquellos cuyos corazones están dispuestos a recibirlas por medio del Espíritu Santo. Sin embargo, el misticismo verdadero reconoce que todos los creyentes están habitados por el Espíritu Santo y, por lo tanto, pueden ser iluminados por Él. Sin embargo, también afirma que la revelación completa ya ha sido dada y que la obra del Espíritu Santo se centra en revelar las Escrituras en la mente del creyente.
Asimismo, es importante mencionar el peligro del romanismo, que ha errado al hacer de la Iglesia, y no de la Biblia, la autoridad final en todo lo relacionado con la revelación divina. Las Asambleas de Dios reconocen la primacía de la Palabra de Dios y su autoridad suprema sobre todas las cosas.
Por último, el protestantismo ortodoxo, al cual pertenecen las Asambleas de Dios, mantiene ciertos artículos de fe bien definidos en relación con las Sagradas Escrituras. La Biblia es reconocida como la Palabra de Dios infalible y la única regla de fe y práctica. El razonamiento humano y el conocimiento deben estar totalmente sujetos a las Escrituras, y no se acepta ninguna luz interior o revelación añadida más allá de lo que está contenido en la Biblia. La autoridad para formar la verdad se encuentra únicamente en los escritores inspirados del Nuevo Testamento.
En el próximo post, continuaremos explorando los principios del canon doctrinal de las Asambleas de Dios. Mantente atento para seguir descubriendo las verdades fundamentales que definen nuestra fe y guían nuestra comunidad de creyentes.







