Escuela de Liderazgo

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Canon Doctrinal de las Asambleas de Dios. Parte 5/8

Doctrina 9: La Sanidad Divina por la obra redentora de Cristo

La sanidad divina es una parte integral del evangelio. Desde tiempos antiguos, Dios ha demostrado su poder para sanar y restaurar a través de su amor y misericordia. La Biblia nos revela la obra redentora de Cristo como el fundamento de nuestra sanidad física, emocional y espiritual.

El profeta Isaías proclamó en el Antiguo Testamento: «Ciertamente, llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Isaías 53:4). Esta profecía se cumplió en la persona de Jesús, quien en su ministerio terrenal sanó a numerosos enfermos y sufrió en la cruz para llevar nuestras enfermedades y dolores (Mateo 8:16, 17). Su sacrificio nos brinda la oportunidad de experimentar la sanidad divina en nuestras vidas.

El apóstol Pedro también hace referencia a la obra redentora de Cristo con relación a la sanidad: «quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados» (1 Pedro 2:24). En la cruz, Jesús cargó con nuestros pecados y enfermedades, ofreciéndonos la posibilidad de ser sanados y restaurados en todos los aspectos de nuestra existencia.

Como creyentes, tenemos el privilegio de acceder a la sanidad divina a través de la fe en la obra redentora de Cristo. La carta de Santiago nos anima a buscar la oración de fe y la unción con aceite para la sanidad física y emocional (Santiago 5:14-16). Dios está dispuesto a sanarnos y restaurarnos en respuesta a nuestra fe y dependencia de él.

Doctrina 10: El bautismo en agua por inmersión y la Cena del Señor como ordenanzas de Cristo

El bautismo en agua y la Cena del Señor son dos ordenanzas instituidas por Cristo para su iglesia. Estas prácticas tienen un significado profundo y simbólico en nuestra vida espiritual.

El bautismo en agua por inmersión es una expresión externa de nuestro compromiso con Cristo y nuestra identificación con su muerte, sepultura y resurrección. Jesús mismo nos instruyó en el mandato del bautismo en agua, diciendo: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19). Mediante el bautismo en agua, declararnos públicamente como seguidores de Cristo y testimoniando nuestra fe en su obra redentora.

La Cena del Señor, también conocida como la Santa Comunión, es una conmemoración del sacrificio de Jesús en la cruz. En ella, participamos del pan y del fruto de la vid, simbolizando el cuerpo y la sangre de Cristo. El apóstol Pablo nos instruye sobre la importancia de celebrar esta ordenanza, diciendo: «Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí» (1 Corintios 11:23-24). A través de la Cena del Señor, recordamos el sacrificio de Cristo, anticipamos su segunda venida y fortalecemos nuestra comunión con él y con nuestros hermanos en la fe.

Doctrina 11: La Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo; Los Ministerios divinamente ordenados y su misión evangelizadora

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, un organismo vivo y espiritual en el cual Dios habita por medio de su Espíritu Santo. Como creyentes, somos llamados a ser miembros activos de este cuerpo y a cumplir su misión en el mundo.

Jesús nos comisionó diciendo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15). La Iglesia tiene la responsabilidad de ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo, llevando el mensaje de salvación a todas las personas. Esta misión evangelizadora nos desafía a compartir el amor de Cristo, proclamar su verdad y hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:19-20).

Además de la misión evangelizadora, la Iglesia cumple otras funciones vitales. En primer lugar, es un lugar de adoración donde los creyentes se congregan para alabar y honrar a Dios. Jesús dijo: «Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren» (Juan 4:23). A través de la adoración, experimentamos un encuentro genuino con Dios y cultivamos una relación íntima con él.

En segundo lugar, la Iglesia tiene la responsabilidad de edificar a los creyentes y equiparlos para el servicio en el cuerpo de Cristo. El apóstol Pablo nos enseña que Dios ha dado ministerios y dones espirituales para la edificación de la iglesia (Efesios 4:11-12). Estos ministerios divinamente ordenados, como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, tienen la tarea de instruir, exhortar y capacitar a los creyentes para que crezcan en su fe y se conviertan en discípulos maduros de Cristo.

En resumen, las doctrinas cristianas nos revelan verdades fundamentales de nuestra fe y nos guían en nuestra relación con Dios y en nuestra vida, en la comunidad de creyentes. En cada uno de estos puntos, encontramos las bases bíblicas y las enseñanzas que nos permiten comprender y vivir las verdades espirituales que Dios ha revelado. Que podamos estudiar y aplicar estas doctrinas en nuestras vidas, para crecer en nuestro conocimiento de Dios y en nuestra conformidad a la imagen de Cristo. Que seamos testimonios vivientes de su amor, gracia y verdad en el mundo.