En este post, nos adentraremos en las doctrinas cristianas fundamentales a través del canon doctrinal de las Asambleas de Dios. Exploraremos temas clave como los ángeles como mensajeros divinos, la creación divina del universo y del hombre, la redención a través de Jesucristo, la importancia de la santificación y el bautismo en el Espíritu Santo. Acompáñanos en este viaje de descubrimiento y crecimiento espiritual.
Doctrina 4: Los ángeles como mensajeros y ministradores de Dios
Los ángeles desempeñan un papel fundamental en el plan divino, ya que son mensajeros y ministradores de Dios. A lo largo de la Biblia, encontramos referencias a su presencia y obra en la vida de las personas. En Éxodo 23:20, Dios promete enviar a un ángel delante de su pueblo para guiarlos y protegerlos en el camino hacia la tierra prometida. Este ángel es descrito como un mensajero divino, portador de la autoridad y el poder de Dios.
En Jueces 2:1, vemos nuevamente la intervención de un ángel como portador de un mensaje importante. El ángel se presenta ante los israelitas para recordarles las promesas de Dios y advertirles sobre las consecuencias de desobedecer su pacto. Aquí vemos que los ángeles no solo entregan mensajes, sino que también actúan como testigos y recordatorios de la fidelidad de Dios.
En el Nuevo Testamento, el anuncio del nacimiento de Jesús es realizado por un ángel, como se registra en Lucas 2:11. El ángel se presenta a los pastores en el campo y les anuncia la buena nueva de la venida del Salvador. Este pasaje resalta el papel de los ángeles como mensajeros de las buenas nuevas de salvación y la importancia de su participación en los eventos relacionados con el cumplimiento de las promesas divinas.
Además, en Hechos 7:38, se menciona que los ángeles fueron mediadores en la entrega de la ley a Moisés en el monte Sinaí. Su presencia y participación en este evento resaltan su papel como intermediarios entre Dios y los seres humanos, transmitiendo su voluntad y enseñanzas.
En Hebreos 1:14, se nos dice que los ángeles son espíritus ministradores enviados para servir a aquellos que heredarán la salvación. Esta afirmación subraya que los ángeles están activamente involucrados en la protección, el cuidado y el apoyo de los creyentes, trabajando en armonía con el plan redentor de Dios.
En resumen, a través de las citas bíblicas mencionadas, podemos entender que los ángeles desempeñan un papel significativo como mensajeros y ministradores de Dios. Ellos transmiten los mensajes divinos, son testigos de su pacto, anuncian eventos importantes y actúan como intermediarios entre Dios y los seres humanos. También son enviados para servir y proteger a aquellos que heredarán la salvación. La presencia y el trabajo de los ángeles demuestran la preocupación y el cuidado de Dios por su creación, así como su involucramiento activo en el cumplimiento de su plan redentor.
Doctrina 5: La Creación divina del Universo y del hombre, la santidad original, su caída y su redención
La Creación divina del Universo y del hombre es un tema central en la doctrina cristiana. Según Génesis 1:1, Dios es el creador de todo el universo, incluyendo la tierra y todo lo que hay en ella. Él pronunció su palabra y todo fue creado por su poder y sabiduría. Además, Génesis 1:26 nos revela que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dotándolo de una naturaleza especial y una relación íntima con su Creador.
En cuanto a la santidad original del hombre, Génesis 2:17 establece que Dios le dio al hombre un mandamiento específico: no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. La obediencia a este mandato era un reflejo de la comunión y dependencia del hombre hacia Dios. Sin embargo, lamentablemente, el hombre cayó en la tentación y desobedeció el mandato divino.
La caída del hombre se registra en Génesis 3:1-7. Satanás, en forma de serpiente, engañó a Eva y la convenció de desobedecer a Dios y comer del fruto prohibido. Eva, a su vez, persuadió a Adán a hacer lo mismo. Esta desobediencia trajo consigo graves consecuencias tanto para el hombre como para toda la humanidad.
Como resultado de la caída, la muerte física ingresó en el mundo, así como también la muerte espiritual, que es la separación del hombre de la comunión con Dios. La caída del hombre trajo consigo una naturaleza pecaminosa que afecta a toda la humanidad, como se menciona en Romanos 5:12-21. A través de la desobediencia de Adán, el pecado entró en el mundo y la muerte se extendió a todos los hombres. Sin embargo, en medio de esta triste realidad, la esperanza de redención y restauración surge en Cristo, quien vino a reconciliar al hombre con Dios.
Recapitulando este punto, la Creación divina del Universo y del hombre fue un acto maravilloso de Dios. El hombre fue creado a imagen de Dios, con una naturaleza buena y en comunión con su Creador. Sin embargo, la caída del hombre a través de la desobediencia trajo consigo la muerte física y espiritual. La humanidad se separó de Dios y se vio envuelta en una naturaleza pecaminosa. Pero en medio de esta realidad, la redención y la esperanza se encuentran en Jesucristo, quien vino a restaurar la comunión y ofrecer la salvación a todos los que creen en Él.
Doctrina 6: La Salvación por medio de la Fe en la obra redentora de Jesucristo
La Salvación por medio de la fe en la obra redentora de Jesucristo es uno de los pilares fundamentales de la doctrina cristiana. Según Lucas 24:47, Jesús mismo declaró que en su nombre se predicaría el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones. Además, en Juan 3:3 y 16, Jesús enseñó sobre la necesidad de nacer de nuevo y cómo Dios amó al mundo de tal manera que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
a. Condiciones para la Salvación: La salvación se obtiene mediante la fe en Jesucristo como Señor y Salvador personal. Romanos 10:13-15 nos dice que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, pero ¿cómo pueden invocar a aquel en quien no han creído? Por tanto, la predicación de la Palabra de Dios es esencial para que las personas conozcan y crean en Jesús. Además, en Efesios 2:8 se establece que la salvación es un don de Dios, no por obras, sino por gracia a través de la fe.
b. Evidencias de la Salvación: La salvación no solo implica un cambio interno, sino que también se manifiesta en evidencias externas. La presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente es una evidencia interna de la salvación, como se menciona en Romanos 8:16. Además, la vida del creyente debe reflejar una transformación genuina, caracterizada por una conducta justa y una verdadera santidad, como se menciona en Efesios 4:24 y Tito 2:12.
En resumen, la Salvación por medio de la fe en la obra redentora de Jesucristo es una realidad accesible a todos los que creen. Mediante el arrepentimiento y la fe en Jesús, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y la vida eterna. La salvación es un don de Dios, recibido por gracia a través de la fe. Además, la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida y una conducta justa y santa son evidencias de esta salvación.
Doctrina 7: La Santificación por la obra de Jesucristo, del Espíritu Santo y de la Biblia
La Santificación por la obra de Jesucristo, del Espíritu Santo y de la Biblia es un proceso continuo en la vida del creyente, que implica separarse del mal y consagrarse a Dios. Según Juan 17:17, Jesús mismo oró diciendo: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad». La Palabra de Dios es la verdad que nos santifica y nos guía en nuestro crecimiento espiritual.
En Romanos 12:1-2, el apóstol Pablo nos exhorta a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, y a no conformarnos a este mundo, sino ser transformados por la renovación de nuestra mente. Esta renovación de la mente se logra al meditar en la Palabra de Dios y permitir que su Espíritu Santo nos moldee y transforme a la imagen de Cristo.
En 1 Tesalonicenses 5:23, se nos anima a ser santificados por completo, en espíritu, alma y cuerpo, preservando nuestra integridad ante la venida del Señor. La santificación abarca todos los aspectos de nuestra vida, y es un llamado a vivir de manera consagrada y apartada para Dios.
La Biblia nos enseña que la santificación es un requisito para poder ver al Señor, como se menciona en Hebreos 12:14: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». Es decir, la santificación es esencial para tener una relación íntima con Dios y experimentar su presencia en nuestras vidas.
Además, en 1 Pedro 1:15-16 se nos insta a ser santos en toda nuestra manera de vivir, porque Dios es santo: «sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». La santificación es posible gracias al poder del Espíritu Santo que habita en nosotros. Es por medio de su guía y control que podemos obedecer el mandato divino de ser santos.
En resumen, la santificación es un proceso en el cual somos transformados a la imagen de Cristo, por medio de la obra redentora de Jesucristo, la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas y el estudio y aplicación de la Palabra de Dios. Es un llamado a vivir una vida apartada del pecado y dedicada a Dios, permitiendo que su Espíritu nos guíe y transforme. Recordemos siempre la importancia de la santificación en nuestra vida como creyentes y busquemos vivir en conformidad con la voluntad de Dios.
Doctrina 8: El Bautismo en el Espíritu Santo, como la Promesa del Padre, con la señal física inicial de hablar en otras lenguas
El Bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia clave en la vida del creyente, que trae consigo poder y dones espirituales para el servicio en el Reino de Dios. Según Lucas 24:49, Jesús instruyó a sus discípulos a esperar la promesa del Padre, que es el bautismo en el Espíritu Santo. Esta promesa se cumplió en el día de Pentecostés, como se relata en Hechos 2:4, cuando los creyentes fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas.
El bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta al nuevo nacimiento, y se produce después de él. Es un momento en el cual el creyente recibe una mayor medida de la presencia y el poder del Espíritu Santo en su vida. Con esta experiencia vienen una serie de bendiciones y manifestaciones espirituales, como se describe en Juan 7:37-39 y Hechos 4:8. El creyente experimenta una reverencia más profunda hacia Dios, una consagración más intensa a su obra y un amor más activo por Cristo, su Palabra y los perdidos.
Una característica distintiva del bautismo en el Espíritu Santo es la manifestación inicial de hablar en otras lenguas, como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). Esta manifestación, conocida como el don de lenguas, es diferente en propósito y uso al hablar en lenguas como parte de la adoración y la edificación espiritual, como se menciona en 1 Corintios 12:4-10 y 28.
En resumen, el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia poderosa que capacita al creyente para el servicio en el Reino de Dios. Trae consigo dones espirituales, una mayor comunión con Dios y una pasión renovada por Cristo y su obra. La evidencia física inicial de esta experiencia es el hablar en otras lenguas, según la dirección del Espíritu Santo. Es importante buscar y recibir esta experiencia de acuerdo con la voluntad de Dios y el mandato de nuestro Señor Jesucristo.
En conclusión, el canon doctrinal de las Asambleas de Dios se basa en la autoridad de la Palabra de Dios y abarca verdades fundamentales que nos orientan en nuestra fe y práctica. Estos principios nos invitan a vivir en comunión con Dios, a ser testigos de su amor y a servirle con pasión y dedicación. Continuaremos explorando estos temas en futuros posts, profundizando en cada uno de ellos y su relevancia en nuestra vida cotidiana.







