En esta última entrega de nuestra serie sobre el Canon Doctrinal de las Asambleas de Dios, exploraremos la maravillosa enseñanza de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva. Basados en las promesas bíblicas de Dios, anhelamos un futuro glorioso donde la justicia habite en su plenitud. En este post, descubriremos las expectativas de esta nueva era y las cosas que serán nuevas en el reino eterno de Dios.
Doctrina 16: Los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva
Según las Escrituras (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:22), aguardamos con gran esperanza la llegada de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva. En este momento trascendental, Satanás y los pecadores serán apartados de la tierra, la muerte y el infierno serán vencidos, y Cristo será reconocido como el Señor supremo. Este maravilloso acontecimiento dará inicio a una nueva era en la cual Dios será todo en todos. Será el amanecer de la eternidad, donde las sombras serán disipadas y la gloria de Dios se manifestará plenamente.
Las Siete Cosas Nuevas
En este nuevo orden de Dios, experimentaremos siete cosas nuevas que transformarán por completo nuestra existencia.
1. Un cielo nuevo
«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía» (Apocalipsis 21:1). En los Cielos Nuevos, disfrutaremos de un cielo renovado, un lugar de comunión íntima con Dios donde su presencia se manifestará de manera gloriosa. El apóstol Juan tuvo la visión de este cielo nuevo y nos reveló que el antiguo cielo y la antigua tierra pasarán, y el mar dejará de existir. Este cielo nuevo será un lugar donde la santidad y la perfección serán la norma, y donde estaremos en la presencia directa de Dios.
2. Una tierra nueva
«También vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios» (Apocalipsis 21:2). Junto con el cielo nuevo, también se creará una nueva tierra. Será un lugar de justicia y rectitud, donde reinará la paz y la armonía. En esta tierra nueva, no habrá más maldad ni corrupción, sino que toda la creación será restaurada a su estado original de perfección.
3. La nueva Jerusalén
«Y vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero» (Apocalipsis 21:9). La nueva Jerusalén será la ciudad santa y celestial, la morada eterna de los redimidos. Descenderá del cielo como un regalo de Dios para su pueblo. Será una ciudad de belleza indescriptible y esplendor divino, donde reinaremos con Cristo por toda la eternidad.
4. La nueva comunión
«Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apocalipsis 21:3). En los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva, disfrutaremos de una comunión perfecta con Dios. Él habitará con su pueblo, y seremos su pueblo especial. Ya no habrá barreras ni separación, sino una cercanía y amor inagotables.
5. El nuevo templo
«Pero no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero» (Apocalipsis 21:22). En el nuevo orden, ya no habrá necesidad de un templo físico, ya que el propio Dios y el Cordero serán el templo. Experimentaremos una adoración continua y directa en su presencia.
6. La nueva luz
«La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera» (Apocalipsis 21:23). En los Cielos Nuevos, no dependeremos de la luz del sol o la luna, ya que la gloria de Dios y el resplandor del Cordero iluminarán todo en su esplendor celestial.
7. El nuevo paraíso
«Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero» (Apocalipsis 22:1). En este nuevo orden, experimentaremos el gozo de un paraíso restaurado, donde el río de agua de vida fluirá abundantemente y la presencia divina será nuestra eterna fuente de vida y bendición.
Las cosas que no habrá en el cielo
Además de las cosas nuevas, es importante mencionar las cosas que no habrá en el cielo, en esta nueva creación. La ausencia de estas cosas nos muestra la plenitud y perfección del reino de Dios:
- No habrá más hambre ni sed: «Nunca más tendrán hambre ni sed» (Apocalipsis 7:16).
- No habrá más sol ni calor: «El sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno» (Apocalipsis 7:16). En los Cielos Nuevos, no habrá necesidad de preocuparnos por el clima, ya que estaremos en la presencia constante de Dios.
- No habrá más lágrimas ni llanto: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4).
- No habrá más mar: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía» (Apocalipsis21:1). La ausencia del mar representa la eliminación de las barreras y separaciones en el reino eterno de Dios.
- No habrá más muerte ni dolor: «No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4). En esta nueva era, la muerte y el dolor serán cosas del pasado.
- No habrá más templo: «No vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero» (Apocalipsis 21:22). La presencia directa de Dios y el Cordero reemplazarán la necesidad de un templo físico.
- No habrá más luna: «La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera» (Apocalipsis 21:23). La gloria de Dios será nuestra luz constante, sin necesidad de la luna.
- No habrá más noche: «No habrá allí más noche» (Apocalipsis 21:25). La oscuridad y la noche serán cosas del pasado en los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva.
- No habrá más pecado: «Nada inmundo entrará en ella, ni el que practica abominación y mentira» (Apocalipsis 21:27). El reino eterno estará libre de toda mancha de pecado.
- No habrá más maldición: «Y no habrá más maldición» (Apocalipsis 22:3). La maldición y sus efectos serán completamente anulados.
- No habrá más lámparas: «Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará» (Apocalipsis 22:5). En la presencia divina, no habrá necesidad de iluminación artificial, ya que seremos iluminados por la gloria de Dios.
Conclusión
El panorama de los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva es verdaderamente glorioso. Esperamos con anhelo el cumplimiento de estas promesas divinas, donde experimentaremos la plenitud de la justicia de Dios y disfrutaremos de una comunión eterna con nuestro Creador. En ese día, todas las cosas serán nuevas y toda tristeza y sufrimiento serán olvidados.
Como se nos dice en Apocalipsis 22:20, «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.» ¡Que así sea!







