“Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar”.
S. Juan 17:4
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”.
Colosenses 3:23
Objetivo del Tema
Que el discípulo comprenda la necesidad de buscar la manera de perfeccionar sus habilidades y que trabaje en su capacitación para que pueda crecer y mejorar en su trabajo y en todas las áreas de su vida.
La Excelencia se define como una manera permanente de hacer bien las cosas, de vivir, una actitud mental y un pensamiento inclinado a solucionar cualquier problema, la excelencia se refiere a ser cada vez mejor. En otras palabras se puede definir como la manera en que el individuo desarrolla gran parte de su potencial, sin tener tiempo en buscar excusas o razones para demostrar que algo no se puede hacer.
Dios hizo la creación con un patrón de Su propio carácter, Él es la plantilla por la cual el resto del cosmos fue diseñado. La excelencia de Dios está entretejida en el mundo que nos rodea, usted puede ver eso en cualquier objeto. La creación es una cosa de excelencia, y fue hecha por Dios para que se hiciera con excelencia.
La excelencia en nuestro trabajo es importante porque Dios nos hizo a su imagen. Los seres humanos llevan la imagen de Dios de una manera que el resto de la creación no la posee. Aunque el resto de la naturaleza cumple su papel por un instinto creado, nosotros tenemos una capacidad para apreciar voluntariamente e imitar la excelencia de Dios. Él nos dio la capacidad de escoger hacer nuestro trabajo lo mejor que podamos. Nuestro trabajo se convierte en adoración cuando damos lo mejor de nosotros mismos por el bienestar de los que están a nuestro alrededor.
Jesús ejemplo de habilidad
Nuestro mayor ejemplo de habilidad se encuentra en la vida que Jesús vivió en esta tierra. Casi nunca vemos a Jesús como, alguien que era un gran triunfador. Nuestra imagen de Él, generalmente, es más modesta, es la de alguien muy manso y dócil. Me refiero al Jesús de la Escuela Dominical, un hombre manso y callado. Las imágenes de Él nunca lo reflejan trabajando. Era un buen carpintero, pero no tanto como para hacer que los otros carpinteros se sintieran mal. Nunca ganaba un salario; regalaba todo lo que hacía; era normal: no era un genio ni tampoco un tonto, era sólo un tipo promedio. Pero, ¿era así? No, Jesús era la habilidad personificada. Lucas describe que al ir creciendo, Jesús era reconocido por Su sabiduría y Sus habilidades (Lucas 2:40-51). Su trabajo le traía gracia, no sólo para con Dios sino para con los hombres también. En otras palabras, Jesús era respetado, se le reconocía por su capacidad de superarse, y aunque era joven ya tenía una buena reputación.
Mucho antes que empezara su ministerio público, Jesús de Nazaret también era muy talentoso como carpintero. La palabra que se usó para describir a Jesús en Mateo 13:55 y en Marcos 6:3 es la palabra griega tekton. Un tekton era alguien que comprendía algo completamente y transformaba ese conocimiento en creaciones maravillosas y excelentes. Un tekton podía tomar un pedazo de madera áspero y pasarlo por un proceso de conversión milagrosa. Mucho antes de ser identificado públicamente como el Mesías, Jesús ya era conocido como un artesano habilidoso. No, este Jesús no era un debilucho endeble. El verdadero Jesús era un experto en su arte.
El compromiso de Jesús con la excelencia le siguió hasta su ministerio en la edad adulta. El primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino, cuando Jesús mando al maestresala o maestro de ceremonias el vino en Juan 2:10, “este vino es formidable” le dijo, ¡ERES DIFERENTE A TODO EL MUNDO! , por lo general los anfitriones usan el mejor vino primero, y después, cuando la gente está ya satisfecha y no les importa, les sirven el vino barato. Pero tú has guardado el mejor para el final. Jesús no pudo hacer un vino de baja calidad, barato, porque Él no sabe hacer cosas malas, Él sanó casos que ningún otro médico había podido curar. Era persuasivo, dominaba las discusiones con los fariseos y los maestros de la ley. Él no era incauto. Caminaba rápido. Silenciaba a aquellos que intentaban ponerle trampas o meterlo en problemas.
Jesús era un comunicador consumado. Mantenía la atención de las multitudes. También era un maestro experto. En poco más de dos años, logró transformar a un montón de pescadores en líderes que hicieron que uno de los imperios más grandes de la historia los escuchara. Prácticamente no hubo nada que Jesús hiciera durante sus poco más de tres años en Su ministerio de tiempo completo que no demostrara gran habilidad. ¿Por qué Cristo enfatizaba la excelencia de la habilidad? No fue por qué era un perfeccionista, ni tampoco porque deseaba dominar el mercado de la carpintería de Nazaret. Tampoco lo fue porque quería probar su capacidad. Cristo dio lo mejor de sí por una razón, para Él todo tenía que ver con su relación espiritual con Dios. Al final de su vida, oró: «Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que tú me diste que hiciese» (Juan 17:4). Cristo sobresalió en Su obra para glorificar al Dios que lo envió.
4 Características de los hombres que sobresalen en lo que hacen
- Los que alcanzan la excelencia trabajan con entusiasmo. Nada realmente grande fue alcanzado sin entusiasmo. No importa si la tarea es grande o pequeña, de lo mejor de sí mismo. Los que tienen los mejores desempeños dan lo mejor de ellos no importa el tamaño del auditorio. “y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Colosenses 3:23.
- Los que alcanzan excelencias mejoran sus habilidades. Jamás paran de perfeccionarse, de crecer, de aprender y de desarrollarse. Es necesario más que el deseo de alcanzar excelencia: es necesario HABILIDAD. “Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza. El éxito radica en la acción sabia y bien ejecutada».(Eclesiastés 10:10 BAD) recuerde usted jamás perderá el tiempo al afilar su hacha.
- Los que alcanzan la excelencia van más allá de lo que se espera de ellos. Este es el secreto que las personas de éxito descubrieron. Usted nunca sobresaldrá haciendo solo lo que su trabajo solicita, o sea, lo mínimo. Jesús dijo “y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con el dos” Mateo 5:41.
- Los que alcanzan la excelencia sustentan una actitud positiva. Aunque estén bajo presión, enfrentando cambios o exigencias, ellos no se permiten tornarse negativos. Los que se quejan siempre jamás sobresalen en nada. “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.» Filipenses 2:14-15.
La habilidad con frecuencia se asocia con palabras como destreza y trabajo grandioso. No hay destreza si el producto final no es una obra de arte. La habilidad que es conforme a Dios siempre es creativa. Es constructiva, siempre da y no quita. Da una contribución más allá de sí misma. La definimos de esta manera:
De acuerdo con la Escritura, la habilidad es saber, combinado con la capacidad de hacer. Es un conocimiento profundo en sincronía con excelentes logros. La habilidad es la mejor teoría mezclada con una práctica insuperable. Cuando operamos con una habilidad bíblica genuina en nuestros trabajos y nuestras carreras, las personas literalmente se sorprenden. Aunque no estén seguros de cómo explicar lo que sucedió, se detienen y reflexionan en ello. La habilidad de los seguidores de Cristo es maravillosamente variada. Esta clase de habilidad es importante para Dios. Dios se interesa por la habilidad, porque la excelencia es algo fundamental de su ser, es la médula de su carácter. Dios está definido por su santidad y la santidad significa que Dios es perfecto en todas sus áreas. Es su capacidad de excederse a sí mismo lo que lo hace único.
En otras palabras, su excelencia es lo que hace que Dios sea Dios. El Salmo 86.8 dice: «Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, ni obras que igualen tus obras». Moisés estaba de acuerdo cuando preguntaba: « ¿Qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? (Deuteronomio 3:24). Él es Dios porque no hay nadie como él, Él es el parámetro. Su nivel de habilidad es su punto de referencia.
Dios supera cualquier cosa buena. Cuando David reflexionó en cómo Dios lo hizo, escribió: «Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien» (Salmos 139:14). Ya que Dios es el conocedor de todas las cosas buenas, no puede hacer otra cosa más que deleitarse en sí mismo porque es lo mejor que hay.
Para los seguidores de Cristo, implementar la habilidad incluye una dimensión adicional que no está disponible para los hombres y las mujeres que escogen vivir por sí mismos. Además de la habilidad dada por Dios con la que todos nacimos, Dios mismo camina con sus discípulos para agudizar y multiplicar de manera activa la aplicación de sus habilidades.
La vida en el trabajo centrada en Dios debe poner en práctica esa habilidad de una forma distinta que los incrédulos. Una vida total que integra su fe con su trabajo involucrará a Dios en el uso de sus habilidades. Tal como lo muestra la Escritura, cuando traemos a Dios a nuestras vidas cada semana, el testimonio de nuestro trabajo tendrá más de las huellas de Dios en él.
Reflexionemos
A Dios le importa la habilidad, y por eso debería importarnos a nosotros también. Usted como Líder Cristiano se debe preocupar por su habilidad, porque la excelencia en sus habilidades es una extensión de su relación espiritual con su Creador. Usted no se puede satisfacer con la mediocridad y aun así seguir trabajando de todo corazón para Dios. No podemos solamente «ir pasándola» y aun así glorificar a Dios en todo lo que hacemos. Un líder Cristiano se interesa en la excelencia de Dios, esa es la razón por la cual adora a Dios. Por lo tanto, el líder busca la excelencia. Para él, la habilidad no es una necesidad empresarial sino un imperativo espiritual.
Oremos Juntos
Dios, te agradezco por revelarte a mi vida. Hoy reconozco lo grande y maravilloso que eres. Ayúdame a conocerte cada día más. Quiero adorarte por medio de las cosas excelentes que haga para ti quiero que tú seas exaltado y glorificarte con mis obras. Amén.







