Tema 2. La Salvación

Tema 2. La Salvación

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios».

Efesios 2:8

Objetivo del Tema

Familiarizar al discípulo con los términos inherentes a la salvación y dar a cono ce r sus tres dimensiones, las cuales son: la justificación, la regeneración y la santificación; esto con el fin de que sean aplicadas a su vida.


En la lección anterior estudiamos que después del pecado de Adán y Eva, todos los seres humanos nacen muertos espiritualmente, con una tendencia a pecar que los esclaviza, por lo tanto, la raza humana está en enemistad con Dios y tiene una deuda pendiente con Él que es incapaz de pagar, esto hace que su destino sea el infierno. Se podría ilustrar con el caso de aquel hombre que después de haber cenado en un restaurante, no tenía con qué pagar y le esperaba la cárcel, pero, repentinamente se acerca el dueño del lugar y le dice: El señor que estaba sentado en la otra mesa pagó toda su cuenta. Así, nosotros le debíamos a Dios una cuenta por haber comido el fruto prohibido y no teniendo con qué pagar, nuestro destino era el infierno. No obstante, Jesús se acercó a nosotros, tomó la nota de cargos que había contra nosotros y la clavó en la cruz e inmediatamente su cuenta fue cancelada.

Debido a que el pecador es incapaz de proveer para sí mismo una forma de salvarse del infierno, surge la necesidad de un salvador. Por esto, Dios toma la iniciativa y provee ese Salvador para liberar al ser humano del yugo del pecado y de la ruina espiritual, moral, física, material que éste ha provocado. Sin embargo, la salvación no se limita a quitar el pecado, sino, a liberar a la persona de él y de su poder. Cuando Jesús vino a salvar a la humanidad, su misión no se limitó a quitar los males y sufrimientos de este mundo, fue más allá, vino para arrancar la raíz lo que origina todo este mal: el pecado. La salvación es la emancipación del pecado con sus consecuencias presentes y futuras.

Términos inherentes a la Salvación

La muerte de Jesús fue un sacrificio expiatorio, es necesario entender las palabras que se aplican a la muerte de Cristo.

Expiación

El vocablo expiación incluye: la acción de cubrir el pecado (Salmos 78:38; 79:9; Levítico 5:18) y cubrir al pecador (Levítico 4:20). Expiar, entonces, significa ocultar de la vista de Dios al pecador y sus pecados, a fin de aplacar Su ira contra él. En el Antiguo Testamento cuando el sacerdote aplicaba la sangre sobre el altar, el israelita tenía la confirmación de que la promesa hecha a sus antepasados se cumpliría en su vida: “Y veré la sangre y pasaré de vosotros” Éxodo12:13.

¿Cuáles eran los efectos de la expiación o cubrimiento?

  • El pecado era borrado o deshecho (Isaías 43:25).
  • El pecado era quitado (Isaías 6:7).
  • El pecado era echado tras las espaldas de Dios (Isaías 38:17).
  • El pecado era echado a lo profundo del mar (Miqueas 7:19).
  • El pecado era perdonado (Salmos 78:38). La muerte de Cristo fue muerte expiatoria porque quitó y deshizo el pecado (Hebreos 9:26-28; 2:17; 10:12-14; 9:14) y por el hecho de que fue sufrida, Él inmolado (1 Pedro 2:23; 2 Corintios 5:21). Expiar el pecado quiere decir cargar con él, quitarlo del corazón del transgresor para que quede libre de toda injusticia y muera al pecado para vivir para Cristo.

Propiciación

Este vocablo significa “cerca” o “hacer posible”. Propiciar significa apaciguar la justa ira de un Dios Santo, mediante el ofrecimiento de un sacrificio expiatorio. Jesús es descrito como la propiciación por nuestros pecados (Rom. 3:25; 1 Juan 2:1-2).

El pasaje bíblico en Éxodo 25:10-12 (lea este capítulo en su biblia), hace referencia al arca del Pacto, dentro de ella estaba la ley, expresión de la voluntad justa de Dios y sobre ella estaba la cubierta llamada “propiciatorio”. Las tablas de la ley enseñan que Dios no puede pasar por alto el pecado del ser humano, pero, el propiciatorio cubría la ley y era el lugar donde la sangre de los sacrificios se rociaba una vez por año a fin de hacer expiación por el pecado. Esto significa que el Dios justo puede, consecuentemente, perdonar el pecado sobre las bases de un sacrificio expiatorio. Por tanto, el sacrificio de Jesucristo, en su capacidad expiatoria hace favorable el ambiente y prepara las condiciones de acercamiento entre Dios y el hombre. La expiación remueve el obstáculo que separa al hombre de Dios, produciendo el acercamiento, sin embargo, la obra expiatoria de Cristo va más allá del perdón de pecados, la expiación proporcionó la amplia cancelación del pecado, sus consecuencias y es eficaz para perdonar pecados posteriores (compare 1 Juan 2:1-2 con Levítico 4, lea este capítulo en su biblia).

Sustitución

Los sacrificios del Antiguo Testamento tenían carácter sustitutivo. El sacrificio sobre el altar hacía lo que el pecado no podía hacer por sí mismo. El altar representaba a Dios; el sacerdote representaba al pecador ante Dios; la víctima (cordero) sustituía al israelita, aceptada en lugar de éste. De igual forma, el Señor Jesucristo efectuó en la cruz lo que el pecador no podía hacer por sí mismo, Isaías 53 (lea este capítulo en su biblia) presenta al “Siervo de Jehová” llevando el castigo que otros merecen, a fin de justificar a muchos, “pues Él llevará las iniquidades de ellos”. Aquel que era perfecto por naturaleza y que jamás cometió pecado alguno en su vida, ocupó el lugar del pecador (2 Corintios 5:21).

Redención

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento el término “redimir” significa comprar algo de nuevo, mediante el pago de un precio; liberar de la esclavitud mediante el pago de un precio; comprar en el mercado. Levítico 25:47-49 y Rut capítulo 4 (lea este capítulo en su biblia), hacen mención al pariente redentor. En virtud de esta ley, un hombre que hubiera vendido su propiedad y se hiciese esclavo de otro, debido a alguna deuda contraída, podía recuperar tanto su tierra como su libertad en cualquier momento, con la condición de que fuese redimido por un hombre que poseyera los siguientes requisitos:

  1. Debía ser pariente del interesado.
  2. Disposición de redimir al pariente.
  3. Debía poseer el dinero necesario.

Jesucristo reunía todas estas condiciones: se hizo pariente nuestro al tomar la naturaleza humana; estaba dispuesto a darlo todo para redimir al pecador (2 Corintios 8:9) y por ser divino, estaba capacitado para pagar el precio, su propia sangre (Hechos 20:28; Mateo 20:28; 16:25-26; 2 Corintios 8:9). El Señor Jesús nos ha librado de la esclavitud del pecado, nos ha redimido del poder del pecado y la muerte, Él pagó el precio, nos “rescató” (1 Pedro 1:18-19).

Reconciliación

Quiere decir “volver en amistad” (2 Corintios 5:18-19; Romanos 5:10; Colosenses 1:21-22). Aunque la majestad de Dios ha sido ofendida por el pecado del ser humano y su santidad debe reaccionar contra él, aun así, Dios no quiere que el pecador perezca (Ezequiel 33:11), sino, que se arrepiente y se salve. La muerte de Cristo ha hecho posible la reconciliación de la humanidad con Dios, a cada individuo le corresponde ahora hacerla una realidad en su vida.

Esta es la esencia del mensaje del Evangelio: la muerte de Cristo fue una obra consumada de reconciliación, lograda a pesar de nosotros, a un costo infinito, a la cual el hombre es llamado ahora mediante el ministerio de la reconciliación (Romanos 5:11).

Las tres dimensiones de la Salvación

La salvación, como obra terminada en el corazón del pecador, es producto de la presencia simultánea de t res aspectos que el Espíritu de Dios opera en su vida. Esta triple obra comprende la Justificación, la Regeneración y la Santificación. No hay salvación bíblica si uno de estos aspectos falta. No se puede ser salvo si no se es justificado, regenerado y santificado. Veamos lo que la Biblia enseña:

La Justificación

Es un acto soberano de la Gracia de Dios, por medio del cual, Él extiende al pecador arrepentido un certificado de absolución, declarándolo inocente y legalmente justo en virtud del sacrificio de Cristo en el calvario, quien ha sido hecho “justicia de Dios” a favor y en sustitución del ser humano, inmerecedor de Su Gracia. No hay méritos en el pecador, porque el pecado lo condena delante de un Dios Justo, pero en Cristo, la persona recibe por la fe, perdón y liberación del pecado (1 Corintios 1:30).

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. Romanos 5:1,9

El justo Job confrontado con la justicia divina, hizo una pregunta crucial: “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?”. El salmista dijo: “No entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de T í ningún ser humano” Salmos 143:2.

La Biblia revela lo estipulado por Dios para ser justificado. Inicialmente al pecador se le pide creer en Jesús. La fe es la llave que Dios ha dejado para abrir la puerta de la Gracia; no hay ni imitaciones ni sustitutos (Romanos 1:17; 4:5; 5:1; Juan 3:18). Del mismo modo, para ser salvo el pecador debe reconocerse perdido y condenado. El arrepentimiento lleva a abrir el corazón, asumir los pecados y confesarlos a Dios (Hechos 17:30; Isaías 55:6-7; Salmos 51:17).

La Regeneración

Es el “cambio” y/o “transformación” de la naturaleza humana. La palabra regenerar quiere decir “volver a generar”. El hombre degenerado es regenerado y al hombre muerto en pecado se le imparte vida. La regeneración es encontrada en las escrituras a través de varias figuras literarias:

• Nuevo Nacimiento. Marca el inicio de una nueva vida con Dios. El espíritu muerto del hombre, al ser tocado por el Espíritu Santo, obtiene una nueva vida y el ser humano es declarado hijo de Dios. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad. Este nacimiento es condición necesaria para entrar al cielo, así lo exigió el Señor Jesucristo a Nicodemo (lea en su biblia Juan 3) (1 Pedro 1:3; Gálatas 3:26; 4:5-6; Romanos 8:15; Juan 1:12; Tito 3:5).

• Una Creación. Dios nos creó desde el principio. Nos crea de nuevo para poder acercarnos a Él; nos da carácter de una nueva vida (2 Corintios 5:17).

• Una Resurrección. Sin Cristo estamos muertos en delitos y pecados, Él resucita nuestro espíritu dándole vida nueva para así poder entrar en una relación directa con Dios y disfrutar de todas las bendiciones espirituales de esta nueva vida (Romanos 6:4-5; Colosenses 2:12; 3:1; Efesios 2:5-6).

• Un Lavamiento. Debido a su capacidad purificadora, el agua es símbolo del Espíritu Santo y de la Palabra escrita. Se hace referencia también al poder limpiador de la sangre de Cristo, porque “la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:9; Tito 3:5-6).

Efectos de la Regeneración

• Unión con Cristo y con Dios Padre a través del Espíritu Santo (2 Corintios 6:16-18).

• Victoria sobre el pecado (1 Juan 3:9).

• Victoria sobre el mundo (1 Juan 5:4).

• Adquisición de armamento espiritual para batallar (Efesios 6:11).

La Santificación

Es el acto de separarse del mal para dedicarse a Dios y a su servicio. Esto implica una doble acción: Primero, hay que “apartarse de” y luego “apartarse para”. En otras palabras, para ser santificado, la persona debe estar separada del pecado y también separado para la santidad. Es una obra directa del Espíritu Santo que perfecciona la vida espiritual del creyente a partir del nuevo nacimiento. Esta obra es tanto estática (un estado) como dinámica y perfeccionable (un proceso). En su carácter estático es instantáneo. Desde el momento que la persona cree, a pesar de sus imperfecciones, Dios la santifica, la convierte en un santo. Al igual que la justificación, la santificación es atribuida a la persona por la fe (1 Pedro 1:16; Hebreos 12:14; 1 Tesalonicenses 5:23).

Como proceso dinámico, la santificación es perfeccionable. Se le hace un llamado a los creyentes a buscarla y perfeccionarla; al santo se le manda que se santifique todavía más (Apocalipsis 22:11; 2 Corintios 7:1; Romanos 1:7). Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” Mateo 5:48. El deseo de Dios es la perfección de sus hijos (2 Timoteo 3:17; Efesios 4:13; Santiago 1:4; Filipenses 3:12-15).

En el Antiguo y Nuevo Testamento, el creyente es llamado “perfecto” a pesar de sus imperfecciones (véase Génesis 6:9; Salmos 37:18; Proverbios 2:21; 11:20). El asunto es, que, aunque no se sienta perfecto, Dios lo considera perfecto (Job 9:20; 1:1; 1:8), pues, la perfección es atribuida por Dios.

Los medios de Santificación

En la acción y proceso de santificación intervienen factores, elementos y personas que hacen real la experiencia de salvación en el creyente. Veamos cada uno de ellos:

  • El Espíritu Santo: Él santifica y produce en el pecador el deseo de arrepentirse, ya que convence de pecado, justicia y juicio. La obra del Espíritu es impartir la naturaleza santa de Dios al ser humano. Él santifica porque es Santo y regenera la naturaleza humana dañada por el pecado, produciendo en el creyente el Fruto del Espíritu y una vida espiritual de victoria permanente (Gálatas 5:16-25; 2 Corintios 2:14; 1 Corintios 6:11; 2 Tesalonicenses 2:13; Romanos 15:16).
  • La Sangre de Cristo: Es el medio absoluto de santificación y representa el sacrificio total de Jesús en el calvario, por esto, tiene la virtud de santificar instantáneamente y por completo a los que se acercan a Jesús arrepentidos (Hebreos 10:14; 10:10; 13:12). Por medio de ella, el creyente es declarado santo para siempre. A su vez, ella garantiza la santificación progresiva del creyente. “La Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado” Juan 1:7. De no ser por la acción continua de la Sangre de Cristo, la comunión con Dios sería imposible.
  • La Palabra de Dios: Es el medio externo de la santificación, al establecer el conjunto de normas y principios del diario vivir del creyente. A medida que éste viva los principios bíblicos, con fidelidad, mayor será la santidad, por eso, Jesús oró al Padre por su iglesia diciendo “Santifícalos en Tu Verdad” Juan 17:17 (Juan 15:3; Salmos 119:9).

La Santificación y el Proceso de Crecimiento

Después de experimentar Su gracia, Dios espera que sus hijos crezcan en gracia y conocimiento, además de ser perfeccionados en la santidad en el temor de Dios (2 Pedro 3:18; 1Tesalonicenses 3:12; 1 Tesalonicenses 4:1,10; Hebreos 5:11-14; 6:1a; 2 Corintios 7:1).

El crecimiento espiritual es un proceso en el cual la perspectiva de Dios sobre la vida, llega a ser cada vez más la perspectiva del creyente. Dios no quiere que el creyente sea un robot sin mente, sino, un compañero que disfrute cada vez más la comunión con Él.

Conforme el creyente lo permita, Dios usará su Palabra y las circunstancias para iluminar gradualmente las áreas que Él quiera transformar. Al crecer espiritualmente, su entendimiento se desarrolla, de tal manera, que ahora el creyente no puede seguir practicando algunas cosas. Él se arrepiente de los malos hábitos, deja de practicarlos y al cabo de un tiempo, al compararse con su vida anterior, percibe los cambios. Esto es la santificación progresiva (véase Proverbios 4:18). La santificación perfecta y completa será la herencia gozosa de cada santo en la venida del Señor.

En resumen, por medio de la salvación:

Soy declarado: INOCENTE – Justificación. 2 Cor 5:21

Soy declarado: HIJO DE DIOS – Regeneración. Gal 4:4-7

Soy declarado: SANTO – Santificación. Heb.9:10

Reflexionemos

Aunque es verdad que el ser humano no puede salvarse a sí mismo, pues es un acto inicial de Dios y Él es quien provee todo para hacerla real en el pecador; hay un aspecto que involucra al ser humano. La Biblia establece dos requerimientos al ser humano para que éste pueda alcanzar y recibir lo que ha sido hecho para él: Fe y Arrepentimiento.

La salvación es algo tan valioso que las riquezas de este mundo no alcanzan para comprarla: “¿De qué le v ale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? o ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?” Mateo 16:6.

Oremos Juntos

Dios, te agradezco por enviar a Jesús a morir por mí cuando estaba muerto en mis delitos y pecados. Ayúdame a vivir a la luz del sacrificio de Cristo y a entender que me has hecho justo, que me estás regenerando y que me has hecho santo para ti. Amén

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