“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”
Apocalipsis 1:1
Al llegar a la sección final de este Manual, pasaremos a considerar algunos eventos futuros. Al estudio de esos eventos a menudo se le llama «escatología», de la palabra griega escatos, que significa «último». El estudio de la escatología es, por tanto, el estudio de «las últimas cosas».
Los incrédulos pueden hacer predicciones razonables en cuanto a eventos futuros basados en los patrones de sucesos pasados, pero en la naturaleza de la experiencia humana es claro que los seres humanos no pueden por sí mismos saber el futuro. Por consiguiente, los incrédulos no pueden tener conocimiento cierto de nada de lo que sucederá en el futuro. Pero los que creemos en la Biblia estamos en una situación diferente. Aunque no podemos saberlo todo en cuanto al futuro, Dios sí lo sabe todo y en la Biblia nos habla respecto a los principales acontecimientos que tendrán lugar en la historia del universo. Respecto a que estos eventos sucederán, podemos tener absoluta confianza: Dios nunca se equivoca y jamás miente.
Objetivo del tema
Que el discípulo tenga la confianza de que su destino ya está determinado por Dios y Él nos ha provisto de un lugar donde disfrutaremos de su presencia por la eternidad.
LA BIENAVENTURADA ESPERANZA
Creemos y esperamos la venida de nuestro Señor Jesucristo, quien vendrá y tomará para s í a aquellos que hemos creído. A partir de ese momento, Dios hará juicio sobre los moradores de la tierra. Este no ha de ser el final para los hombres: una eternidad nos espera. Eternidad que será de comunión plena con Dios para los justos y castigo para los impíos. (1 Tesalonicenses 1:10; 4:16,17; Tito 2:13).
Muchos de los creyentes en la iglesia primitiva sintieron cierta desesperanza al ver que algunos de ellos morían y aún no se manifestaba la promesa del Señor Jesús de tomarnos para estar para siempre con él (Juan 14:3). El Señor guió a los escritores sagrados para plasmar la esperanza bienaventurada del creyente. El Señor Jesús prometió que volvería por nosotros, los que hayan muerto creyendo en el Nombre del Señor serán resucitados y tomados y luego los creyentes vivos seremos tomados para sufrir una transformación sobrenatural: el cuerpo corruptible que nos ha acompañado será modificado a un cuerpo incorruptible. Este suceso será la etapa final de la santificación y de la preparación para estar ante el Trono del Señor. A este suceso se le conoce como el rapto o arrebatamiento de la iglesia. Al ser tomados por Dios, somos librados del castigo temporal que viene para la tierra y final para aquellos que no creyeron en la Palabra de Dios.
La Biblia relata, que los sucesos que siguen al rapto serán de regocijo en el Reino Celestial al estar ante el tribunal de Cristo (Romanos 14:10; 2 Corintios 5:10), y celebrando la Cena de las Bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7-9). Los juicios de Dios se consumarán sobre la tierra sobre el sistema político, religioso, moral y social apartado de Dios en lo que se conoce como la época de Gran Tribulación (Apocalipsis 15:4; 19:2; Mateo 24:21; Apocalipsis 7:14). Si bien este tiempo es de juicio, el deseo de Dios es el arrepentimiento de los hombres para ser librados del castigo eterno. La obstinación del corazón humano entregado al pecado es tal, pese a la manifestación del poder y la ira divina, la constante ha de ser dureza, soberbia y falta de arrepentimiento (Apocalipsis 9:21; 16:9). Creemos en la resurrección de los redimidos y el arrebatamiento de la iglesia antes de la tribulación.
EL REINO MILENIAL DEL SEÑOR JESUCRISTO
Jesucristo declaró que retornaría a la tierra. La Biblia afirma que será establecido como Rey y Soberano sobre la tierra (Zacarías 14:4; Mateo 24:27,30; Romanos 11:26,27; Apocalipsis 20). No vendrá solo, sino que, vendrá con sus santos para gobernar la tierra en un reino que la Biblia lo estipula por mil años. La autoridad divina se manifiesta en que, el primer decreto emitido será el encarcelamiento del diablo en el abismo por este periodo de tiempo. Este reino milenario traerá la salvación de Israel como nación (Ezequiel 37:21, 22; Sofonías 3:19,20; Romanos 11:26,27) y el establecimiento de una paz universal (Isaías 11:6-9; Salmo 72:3-8; Miqueas 4:3, 4). La Iglesia no será engañada, pero tristemente habrá quienes rechazarán el reino justo y perfecto de Dios para volverse a la esclavitud del enemigo, por lo que recibirán juicio. En el Tribunal de Cristo cada uno será recompensado por sus obras. Creemos en la Segunda Venida visible de Jesucristo para establecer su Reino Milenial en la Tierra.
EL JUICIO FINAL
Habrá un juicio final. En aquel día los pecadores muertos serán resucitados y todos serán juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el Libro de la Vida, será confinado a sufrir castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con el diablo y sus ángeles (o demonios). La bestia y el falso profeta también serán arrojados (Mateo 25:46; Marcos 9:43-48; Apocalipsis 19:20;). Esto es lo que la Biblia describe como la condenación eterna. Debemos vivir una vida en santidad para no ser condenados y debemos testificar a los que no creen para que se arrepientan y se vuelvan a Dios. Creemos en el Lago de Fuego como castigo eterno para los impíos, Satanás y los ángeles caídos.
CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA
En la naturaleza misma de Dios está el amor y la misericordia. El deseo de nuestro Señor es tener a su lado Sus Hijos. Esto indica una relación estrecha con nuestro Creador y Salvador por lo que nos ha prometido que estaremos para siempre con Él. (Juan 14:2). Creemos en el cielo como morada eterna de los salvos. La Biblia declara una restauración de los estragos del pecado. La expresión hebrea de “cielos nuevos y tierra nueva” trae una connotación de totalidad. Es decir, todo lo que fue destruido por el hombre y el pecado será restaurado por Dios. La Biblia declara. “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21)
Los habitantes de la Ciudad
• Dios (Ap.21: 3)
• La iglesia (Ap.3:12).
• Los Santos del Antiguos Testamento (Heb.11:10).
• Los redimidos de Israel (Ap.21:12).
REFLEXIONEMOS
Los primeros versículos del capítulo 14 de juan son unos de los más populares de toda la Biblia. Hablan sobre el cielo, pero la razón de su popularidad no es que revelan detalles sobre el cielo, o sobre la vida después de la muerte. No hacen nada de esto. El motivo de esa popularidad tampoco es la no existencia de otros pasajes sobre el tema del cielo. El libro de Apocalipsis describe al cielo como una ciudad gloriosa, un país, el reino de Dios, el paraíso. Lleno de paredes, tronos, joyas preciosas, coros, ángeles. ¿Por qué, entonces, es tan popular el capítulo 14 de Juan? La respuesta debemos hallarla en lo cálida de la imagen que encontramos en este pasaje: el cielo es un hogar. Necesitamos un hogar. Estamos deseando tener un hogar. Jesús les explicó a sus discípulos que teníamos un hogar. «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy vosotros también estéis» (Jn.14:1-3).
Nuestra necesidad de un hogar surge del hecho que hemos perdido el que teníamos. Supimos tener un hogar, en el Edén. Pero por causa del pecado perdimos ese hogar y, desde entonces, la historia de la raza humana ha sido una historia de peregrinación. Pensamos en Caín, que mató a su hermano y fue condenado a vivir errante en la tierra. No tenía un hogar. En el capítulo 11 de Génesis encontramos a los hombres intentando construir una ciudad en donde establecer sus hogares. Pero los hombres de Babel estaban en oposición con Dios, y Dios los esparció. Fueron desterrados, quedaron sin hogar.
Con la venida de Abraham encontramos un nuevo elemento, más prometedor. Es cierto, cuando Dios comienza a tratar con Abraham le dice que debe abandonar su hogar -era un lugar lleno de pecado con ídolos y adoradores de ídolos. Pero a cambio del hogar que perdió, Dios le prometió a Abraham un nuevo lugar: «la tierra que te mostraré» (Gn.12:1). Pero, aunque Abraham fue traído a la tierra y aunque sus descendientes luego se establecieron allí en gran número, a pesar de la extensión de la tierra prometida ésta resultó ser insuficiente. Abraham es alabado en el Nuevo Testamento no porque haya establecido su esperanza en un hogar terrenal (si bien esto era importante), sino porque esperaba la ciudad celestial. «Esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (He.11:10). Aunque nuestras viviendas terrenales son necesarias e importantes, no son permanentes. Nuestra necesidad básica de un hogar se satisface sólo cuando el Señor Jesucristo mismo nos prepara ‘un hogar en el cielo’. Ahora estamos en una tierra extraña, hasta en el territorio enemigo. En aquel día estaremos en la casa del Padre y estaremos en nuestro hogar. Ese es el destino del cristiano. ¡ESE ES NUESTRO DESTINO CUANDO NUESTRO PADRE NOS DIGA BIENVENIDO A CASA!
OREMOS JUNTOS
Padre Eterno reconozco que mi futuro está en tus manos y te doy gracias porque a ti te ha placido preparar un lugar para mí, puedo descansar en la esperanza que si muero o tú vienes antes, lo mejor está por venir a mi vida. Ayúdame a vivir cada día con conciencia en la eternidad, te lo pido en el nombre de tu hijo amado Jesús amen.
APRENDAMOS DE LAS ESCRITURAS
- ¿Qué pasará en el momento del arrebatamiento?
- ¿Quiénes serán arrebatados?
- ¿Que pasara con el diablo durante el milenio?
- ¿Quiénes serán juzgados en el juicio final?
- ¿Quiénes habitaran la ciudad celestial?







