«Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?». Mateo 16:25-26 RVR1960
El discipulado verdadero implica compromiso real y arriesgar toda nuestra existencia al servicio de nuestro Dios Todopoderoso. Si uno trata de librar su vida física de la muerte, el dolor o la incomodidad, puede terminar arriesgando la vida eterna. Si nos protegemos del dolor, empezamos a morir en lo espiritual y emotivo. Nuestra vida se reenfoca en sí misma y perdemos nuestros propósitos. En cambio, cuando damos nuestra vida en servicio a Cristo descubrimos el verdadero propósito de la vida. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones con la idea de que esta vida es todo lo que tenemos. En realidad, esta vida es sólo la introducción a la eternidad. La forma cómo vivimos este breve lapso, no obstante, determina nuestro estado eterno. Vivamos cada instante de nuestras vidas enfocados en honrar y agradar a Dios con todo lo que hacemos sea de hecho o palabra demostrando con nuestros frutos que somos discípulos de nuestro Señor Jesucristo, y poder así disfrutar de su amor por la eternidad.
Reflexionemos
¿Qué tan dispuesto estamos en sacrificar nuestras vidas para expandir el Reino de amor de Dios? ¿O preferimos el confort que nos ofrece este mundo?
Oremos
Bendito Dios Todopoderoso, una vez más gracias por tu gran amor y misericordia con cada uno de nosotros, ayúdanos a entregarnos a ti sin reservas y condiciones, que estemos dispuestos aún a dar nuestras vidas para cumplir con la gran comisión dada a nuestras vidas y así poder disfrutar de tu amor por la eternidad. Amén.
Ps Ana y Eliu Siso





























































