“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. Juan 20:21-22 RVR1960
El León de Judá, Jesucristo, había resucitado y reafirmaba la gran comisión a sus discípulos recordándoles que era la tarea que el Padre Todopoderoso le había encomendado a Él, ahora le tocaba dar continuidad a la expansión del Reino de Amor de Dios a sus discípulos y a nosotros. Para esta gran comisión requerimos el soplo del León, el Espíritu Santo, que nos dará dirección, sabiduría y poder para cumplir con nuestro propósito. Fallaremos si tratamos de hacer el trabajo con nuestras fuerzas. ¡Reflejar a Cristo en la vida, es el propósito de ser cristiano! Un cristiano no es alguien que sufrió un cambio de religión, ni de creencia, si no, que experimentó un cambio en su esencia. Es la consecuencia de haber recibido el Soplo del León, la implantación de la vida eterna y el carácter de Cristo en su espíritu.
Reflexionemos
Una vez más evaluémonos, ¿qué tanto se refleja en nosotros el carácter de Cristo? Habla de que tanto mora en nosotros el Soplo del León.
Oremos
Amado Padre, clamamos con todo nuestro corazón que nos llenes de tu Santo Espíritu y hagas nuestro carácter como el de nuestro Señor Jesucristo para poder así cumplir con la gran comisión. Amén.
Ps Ana y Eliu Siso





























































