“Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22:42 RVR1960
Hacer la voluntad de Dios no siempre es fácil, pero sí, siempre es lo mejor y es lo que nos hará cumplir con el propósito de Dios en nuestras vidas. Nunca es malo expresar nuestros verdaderos sentimientos a Dios. Jesús expuso su temor frente a las aflicciones venideras, pero a la vez, reafirmó su decisión de hacer la voluntad de Dios. La copa a la que se refiere significa la agonía terrible que tendría que enfrentar; no solo el horror de la crucifixión, sino peor aún, la separación total de Dios que experimentaría a fin de morir por los pecados de todos nosotros; el León de Judá quiso tomarla porque era la voluntad del Padre. En su oración estaba sometiendo de manera consciente, deliberada y voluntaria todos sus deseos humanos a la voluntad perfecta de su Padre. Nuestro amado Jesucristo es y será siempre nuestro modelo a seguir y aquí nos da ejemplo de sumisión al Padre al desear hacer la voluntad del Padre, aunque esto signifique vivir situaciones adversas y difíciles. Dejemos saber en nuestras oraciones lo que nos gustaría, pero cerrémosla diciéndole al Padre que se haga su voluntad.
Reflexionemos
¿Qué tan dispuesto estamos de seguir a Jesucristo? ¿Vivir momentos amargos y difíciles para cumplir su propósito? Recordemos Ro 8:18: «Estoy seguro de que los sufrimientos por los que ahora pasamos no son nada, si los comparamos con la gloriosa vida que Dios nos dará junto a él.»
Oremos
Amado Señor Jesucristo, gracias porque eres nuestro modelo a seguir, nos diste ejemplo de sumisión al Padre, preferiste la cruz y lo amargo de la crucifixión para darnos vida, ayúdanos a hacer tu voluntad sobre nuestros deseos y anhelos. Anhelamos hacer tu voluntad sobre todas las cosas. Amén.
Ps Ana y Eliu Siso





























































