«Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir». Juan 11:43-44 RVR1960
Hay momentos en nuestras vidas donde nuestra fe va a ser probada con situaciones muy dolorosas e incómodas, vamos a atravesar momentos de los que nadie quiere vivir. Pero, cuando Dios decide probar nuestras vidas, es para llevarnos un nivel de fe mucho mayor y esto cambia por completo nuestra cosmovisión. La muerte y resurrección de Lázaro, sin duda alguna, fue una prueba dura para Marta y María, ellas tenían la certeza de que Jesús podía sanar a Lázaro, sabían que podía hacer muchos milagros; pero, no tenían la convicción de que podía resucitar al ser más querido para ellas, su hermano. Ellas sabían que después de esta vida seremos promovidos a una mejor, la vida eterna con Cristo. Muchas veces, cuando estamos atravesando una prueba de las que sentimos que no vamos a superar, le reprochamos a Dios: ¿Si hubieses estado aquí? Comienzan nuestras emociones a hacer su jugada. Pero, no importando lo que estés viviendo, debemos poner nuestra confianza en Cristo Jesús, recordando sus palabras que dicen: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».
Reflexionemos
Para María y Martha ya era un caso perdido, pero, cuando Jesús salió a su encuentro, ¡todo cambió! ¿Cuál es esa situación que ha hecho que tu fe se apague? ¿Crees que ya Dios no puede hacer nada? Pues hoy, el León de la tribu de Judá sale a tu encuentro y le dice a tu problema: «¡… ven fuera!… Desatadle, y dejadle ir».
Oremos
Amado Dios, reconozco que muchas veces ha menguado mi fe y he puesto mi problema por encima de ti. Pero, hoy creo que Tú puedes obrar en lo que yo creía perdido, creo que veré tu gloria y comenzaré a caminar en un nuevo nivel de fe, veré mi vida de otra manera porque voy tomado de tu mano. Amén.
Pr. Jesús Rodríguez





























































