«Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio». 2 Timoteo 4:5
En este versículo, el apóstol Pablo le da estas instrucciones a su discípulo Timoteo; le habla con toda autoridad y propiedad de lo que significa soportar las aflicciones. En el libro de Hechos capítulo 16, desde el versículo 16 al 40, encontramos el relato de la paga de echar fuera un demonio de adivinación que poseía una mujer. Habían hombres malos que se lucraban de las obras del ocultismo a través de esta adivina. Cuando Pablo y Silas caminaban por Filipos fueron víctimas de una calumnia, producto de haber liberado a aquella mujer de este espíritu inmundo. La consecuencia fue que los encarcelaron… Aquí nos podemos preguntar ¿por qué al hace un bien me pasan estas cosas? Pablo, seguramente se hizo esa pregunta; pero, con una fuerte convicción… En todo esto hay un propósito, llevarle la palabra al carcelero y su familia para que la salvación llegara a ese hogar.
Reflexionemos
Hacer obra de evangelista implica proclamar el evangelio en todo lugar, en cualquier circunstancia, a toda persona. ¿Será que estamos preparados para proclamar el evangelio, aun sabiendo que entraremos en aflicciones? ¿Estamos entrenados para cantar himnos y salmos cuando estamos atravesando una circunstancia adversa?
Oremos
Padre, hoy reconocemos que necesitamos más de tu amor, más de tu Espíritu Santo. Reconocemos que sin tu ayuda no podremos soportar las aflicciones de este tiempo. Sobre todo, ayúdanos a ser esos instrumentos por donde el evangelio de salvación llega al necesitado, ganando familias para Cristo. Amén.
Pr. Jesús Rodríguez





























































